DESEO DE PABLO DE VISITAR A ROMA (Romanos 1:8-15)

En este relato el apóstol Pablo expresa su gratitud ante “mi Dios”, refiriéndose a que es un fiel creyente “del Dios verdadero” y de Jesucristo (cristiano). Asimismo, evidencia que el nuestro Señor Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre, tal como él mismo proclama en 1a Timoteo 2:5 «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre», es decir que su oraciones a favor de sus hermanos en la fe fueron hechas en el Nombre de Jesús, tal como el Señor estableció en Juan 14:13-14 «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré».

Mis amados hermanos y amigo recordemos que la oración es aceptable por medio de Jesús, quien está sentado a la diestra del Padre, intercediendo por nosotros, «¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros» (Romanos 8:34).

Pues bien, la fe cristiana había impactado la vida del Imperio Romano, difundiéndose en las naciones que muchos se habían convertido a Jesucristo. Y es que la metrópoli de ese imperio fue considerada como la propietaria de todo el mundo debido a su poder, riqueza y grandeza. Tal fue fama de Roma que hasta nuestros días se escucha el adagio "Todos los caminos conducen a Roma”.

Una de la importancia de evangelizar esa ciudad imperial, era que través de ella se podría alcanzar “al mundo”, para tener una idea de esto es bueno mencionar que los romanos habían construido cerca de 400 vías, con más de 70.000 kilómetros de longitud, esas vías unían Roma con las zonas más apartadas del Imperio que abarcaban desde África oriental a los bosques de Germania, desde la Península Ibérica hasta el Cáucaso y desde Inglaterra al Golfo Pérsico.

Bien, en el versículo 10 vemos qué hermosa la actitud de este varón de Dios quien intercedía por sus hermanos cristianos, aún sin conocerles. Recordemos que Interceder es invocar por alguien y llevarle la carga a Dios. Es el momento donde el hombre se niega a sí mismo no pidiendo para él sino para otros. Cuando intercedemos por otros en oración dejamos de pensar en nosotros mismos y comenzamos a pedir en oración por las “necesidades de otros”.

Al igual que Pablo, nosotros debemos elevar nuestras oraciones a nuestro amado Señor Jesucristo, pidiendo en “Su nombre”, a fin de que “Dios intervenga” en el asunto de nuestra petición. El objetivo del intercesor es ver las obras de Dios a favor de las personas por las cuales ha intercedido. La intercesión más maravillosa y que no tiene fin es la de Jesucristo, quien siempre está ante el Padre intercediendo por cada uno de los suyos, tal como expresa Romanos 8:34 «¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió, y más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros». ¡Cuan profundo amor tiene nuestro amado Señor por nosotros!

La Biblia está repleta de hombres y mujeres intercesores quienes clamaron y gimieron con corazones sinceros, parándose a la brecha por una necesidad de una persona o nación. Lo hermoso es ver cómo Dios les dió la victoria de acuerdo a Su perfecto plan. Algunos ejemplos de intercesores son: Abraham, Esther, Nehemías, Daniel y David.

Algo interesante a destacar, es que muy a pesar del anhelo de Pablo de ir a Roma él reconoce que la única manera que podía llegar a esa ciudad es si fuere “la voluntad de Dios”, y por eso rogaba al Padre que le concediera su deseo, es por esa razón que el viaje fue objeto de constantes súplicas, debido a los impedimientos que nos permitieron que el mismo se realializara. Él había anhelado hacía mucho tiempo visitar Roma, pero sabía que sólo cuando Dios manda respalda; y sólo en el tiempo de Dios tendría un bendecido viaje para visitar a los cristianos de allí.

Ciertamente Pablo tuvo obstáculos para ir a Roma, ya fuesen provocados por Dios, que tenía trabajo para él en otros lugares; o por Satanás, que a veces por permiso divino ha tenido tal poder e influencia. Eso me hace pensar en las veces en que tenemos muchos deseos de colaborar con la expansión del reino de los cielos acá en la tierra, pero es menester entender que debemos esperar a que sea Dios quien nos envíe al ministerio o a la obra, y no nuestras emociones; o que sea el enemigo que nos tiente como un día hizo con Jesús, y nos diga “lánzate” (Mateo 4:6 LBLA). En todo tiempo debemos acordarnos de decir en nuestras peticiones «Mas bien debieran decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello».

En conclusión, Pablo anhelaba llegar a la capital del mundo gentil, a la iglesia que todavía no conocía y en la cual todavía no había colaborado directamente en su fundación; todo esto a fin de cumplir con el llamado dado por Dios para compartir el Evangelio de Jesucristo con toda clase de personas tal como él expone en Romanos 1:14 «A griegos y a bárbaros; a sabios y a no sabios…» ; «Porque aunque predico el evangelio, no tengo de qué gloriarme porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no predico el evangelio!», (1ª Cor 9:16).

También habla de orar para que le fuere otorgado algún don espiritual, el cual sería impartido por el Espíritu Santo para edificación y fortalecimiento de la Iglesia mediante la predicación y que luego redundaría en la obtención de un fruto tanto en los judíos como en los gentiles. Es bueno mencionar que en otras versiones de la Biblia “don espiritual” es traducido como “ayuda espiritual”, veamos Romanos 1:11-12 (TLA) «Tengo muchos deseos de ir a verlos y darles ayuda espiritual. Así su confianza en Dios será permanente, y podremos ayudarnos unos a otros, gracias a la fuerza de esa confianza que tenemos en Dios».

De todas maneras, y con respecto a lo mencionado anteriormente, al igual que Pablo, debe ser el anhelo de todo cristiano, ser poseedor de un don espiritual tal como nos dice 1 Corintios 12:31 «Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente» Aleluya! Oremos pues, ya que nosotros necesitamos un entusiasmo y anhelo semejante al del apóstol Pablo para estudiar y compartir la Palabra de Dios, proclamando las Buenas Nuevas de la Palabra de Dios a un mundo perdido.

Pablo oró sin cesar para que Dios le permitiera ir a Roma, sin embargo, el deseo del apóstol de ir a Roma habría de cumplirse más tarde, cuando lo llevaron preso a ese imperio (Hch 28:16-31; Rom 15:25-29). Llegó a Roma luego de pasar muchísimas vicisitudes, entre ellas que naufragara y que lo mordiera una víbora; con esto en mente es bueno que pensemos que Dios responde a nuestras oraciones acorde a Su voluntad y para que se cumplan Su propósito en nosotros, el cual siempre «…es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta», (Ro 12:2); aunque no alcancemos a entenderla; por lo que «Y sabemos que todas las cosas ayudan a bien, a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito son llamados».

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con estos comentarios no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva personal” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio devocional de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios.

Espero que estos estudios y/o anotaciones le sirva a usted para iniciar o continuar con sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también pueda identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en Su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Elizabeth Núñez