La Culpabilidad Del Hombre II (Romanos 1:23-27)

Dios único, Creador, incorruptible es el merecedor de toda la gloria absoluta que solo le pertenece a Él, «Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas», (Isaías 42:8).

En el mensaje de Romanos 1:24–27 podemos las primeras dos ocasiones en que el hombre decide abandonar a Dios, y de forma definitiva se rehúsa responder a los mandatos divinos dado por el Señor, y por demás se inclina a mantener su tendencia irreversible de pecar y actuar de forma irreverente hacia Dios y extremadamente vergonzosa hacia él mismo.

Las evidencias expuestas por la preferencia de adorar a dioses falsos y abominables, hunde al hombre al más profundo de los abismos ante Dios; sin embargo el hombre prefirió continuar con su actitud, volviéndose neciamente en idólatra, adorando a hombres, palomas, bueyes, sapos, entre otros. Esto indujo el abandono divino, siendo este provocado porque el hombre se apartó de Dios y Sus leyes; por lo tanto Él le concede sus bajos deseos, elecciones pecaminosas que tendrían consecuencias funestas, no pudiendo objetar al juicio justo de Dios contra ellos.
«Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros», (Tito 3:3).

Amados hermanos y amigos, sin embargo que hermoso es saber que tenemos la esperanza de la salvación que el mismo Dios nos regaló por su amor inagotable hacia nosotros. Él no da la elección de escoger entre el camino hacia la vida eterna «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo, Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación», (Romanos 10:9-10); o el camino que lleva directo a la muerte eterna en el lago de fuego y azufre, «Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego», (Apocalipsis 20:14-15).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con estos comentarios no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva personal” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio devocional de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios.

Espero que estos estudios y/o anotaciones le sirva a usted para iniciar o continuar con sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también pueda identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en Su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Elizabeth Núñez