Llegamos a la última declaración de Jesús sobre su identidad, en esta ocasión dijo “Yo Soy la Vid Verdadera”. Recordemos que “Yo soy” es el nombre con el cual Dios se dio a conocer a Su pueblo en Egipto, es decir que nuestro Señor Jesucristo tiene también ese nombre el cual le corresponde por legitimidad, porque Él es Dios. Vimos en los capítulos anteriores del Evangelio de Juan los “Yo Soy” de Jesús siendo estos:

1. El Pan de vida . . . . . . . . Juan 6:35,48
2. La Luz del mundo . . . . . . Juan 8:12; 9:5
3. La Puerta . . . . . . . . . . Juan 10:7,9
4. El Buen Pastor . . . . . . . . Juan 10: 11-14
5. La Resurrección y la Vida . . . Juan 11:25
6. El Camino, la Verdad y la Vida . Juan 14:6
7. La Vid verdadera . . . . . . . Juan 15:1

Continuamos comentando los discursos pronunciados por Jesús en el ‘Aposento Alto’, en los cuales dio a ‘los suyos’ instrucciones finales pues ya se acercaba la hora de su peregrinaje a la Cruz. En esta ocasión hablemos un poco de esta preciosa parábola de la “Vid verdadera”, la cual contiene enseñanzas maravillosas para nuestro caminar en la fe.

En muchas ocasiones tanto en el Antiguo Testamento como en la literatura judía asemejaba al pueblo de Israel con un viñedo, una muestra de esto lo podemos leer en la parábola de la viña que se encuentran Isaías 15:1-7, leamos pues en Isaías 5:7 «Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor».

En el Antiguo Testamento vemos en Isaías 5:1 «Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil”, en ese versículo podemos decir que se habla de una vid silvestre. También vemos en Jeremías 2:21 «Te planté de vid escogida, simiente verdadera toda ella; ¿cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?”, aquí se podría representar Israel como una vid salvaje y sin fruto; sin embargo nuestro amado Señor dice “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador” (Juan 15:1).

Nuestro Señor ahora ha sido plantado por el Padre Celestial como la “vid verdadera”, y como todo árbol frutal la vid tiene pámpanos (ramas o sarmientos), estos representan a los que siguen a Jesús, a sus discípulos, ‘los suyos’.

Nosotros somos reconocidos en esta parábola como ‘pámpanos’, debiendo ser nuestra característica principal ‘ramas fructíferas’. En lo natural el labrador corta la rama cuando no produce fruto y la quita o separa para ser echada «Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada» (Mateo 15:13). En lo espiritual nuestro Padre corta los pámpanos que no dan fruto en el Hijo; un ejemplo de esto es Judas, quien fue una rama infructuosa de la vid, por lo que fue cortado.

También nos dice la Palabra que el pámpano que lleva fruto lo limpiará, esto significa limpiar, purificar, liberar del pecado, convirtiendo pues al pámpano de la “vid verdadera”. Ese pámpano fructífero el Señor lo limpia para que de más fruto. Todo nuestro Señor lo hace utilizando como instrumento la Palabra de Dios, sí, es a través de Palabra que Dios nos limpia el alma, ya que en su bendita Palabra está qué hacer para que seamos limpios de pecado.

Una de las enseñanzas más importarte de ésta parábola es que debemos permanecer en Cristo para que así Él permanezca en nosotros, y para esto debemos de guardar Su Palabra tal como expresa Juan 14:23 «Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él».

Si no permanecemos en Él seremos ramas muertas, pues la única manera de tener vida es permaneciendo unidos con nuestro Señor Jesucristo. Separados de Jesús nada podemos hacer, «El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden» (Juan 15:6). Esta advertencia el Señor la afirma en Mateo 13:41-42 «Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes».

Amados hermanos y amigos clamamos a Dios para que nos regale el fruto del Espíritu Santo Gálatas 5:22-23 «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley».

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez