!Qué hermosa promesa nos ha dejado nuestro Señor, la compañía constante del “Espíritu Santo”!, bendito Espíritu que tiene la misma autoridad y poder de nuestro amado Señor Jesucristo. Ese ser divino del cual dependemos para que nos enseñe y recuerde todas las palabras de Jesús; quien nos aclara y revela el significado de las mismas. Precioso Espíritu de gracia que nos susurra al oído y directamente a nuestro corazón todas las cosas: Nos redarguye de pecados; nos convence de justicia; nos guía en nuestro caminar en la fe; nos alienta en tiempo de aflicción y nos instruye en “toda verdad”. Esto es de lo poco que puedo mencionar sobre nuestro Consolador.

Asimismo Jesús les continúa diciendo a ‘los suyos’ otras promesas que les darán esperanzas y aliento en su peregrinaje en la fe, les ha predicho los eventos futuros de manera tal que cuando sucedan ellos crean que es Él el revelador de Dios y ciertamente se había ido pero que regresaría a buscarlos. Esa gran esperanza en la que estamos sustentado y confiados todos nosotros "Él volverá", pues ya nos tendría moradas preparadas para que donde Él esté nosotros, ‘los suyos’, también estemos con Él.

En este relato que compartimos hoy podemos encontrar el legado que el Señor nos dejó “la paz de Jesús”, la cual sabemos nos fue dada a precio de Su sangre preciosa, derramada en la Cruz por cada uno de nosotros para establecer la paz del hombre con Dios y así reconciliarnos con Él tal como dice 2 Corintios 5:18 «Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación».

Bendita y dulce paz que inunda todos los corazones de los que creen en Jesús, sí, porque «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:7). Amados hermanos y amigos, Cristo mismo es nuestra paz, por eso es que nuestra paz esta cimentada en la roca, construida sobre hechos sólidos, ‘la verdad de la Palabra’. ¡Qué gran privilegio tenemos hoy de tener la esperanza de que un día estaremos junto a nuestro amado Dios y Señor!, ya que el Señor Jesús con Su muerte y resurrección nos regaló la alianza de paz con nuestro amado Dios Padre, y dicha alianza compromete a todo el universo tal como dice Job 5:23 «Pues aun con las piedras del campo tendrás tu pacto, y las fieras del campo estarán en paz contigo».

Nuestra paz no depende de las trivialidades del mundo y de estar inmersos en los deseos de la carne, no, tenemos una conciencia que está plenamente conectada con la paz de Dios, sujetada a la voluntad del Señor. El mundo da una paz transitoria, pues las consecuencias de las malas actuaciones traerán intranquilidad, desasosiego y mucho dolor; en definitiva, es una supuesta paz fingida e inestable que por momento llena el alma de quietud pero luego nos damos cuenta que hemos violado los preceptos para con Dios y los hombres, acarreando esto aflicción, temor, ansiedad y culpa. Pero sabemos que la paz de Dios está en nosotros y nos fue dada por Jesús, y por eso hoy con confianza podemos decir que «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Romanos 8:28).

Pero es bueno mencionar que Jesús les dice ‘a los suyos’ que viene el "príncipe de este mundo", ese es Satanás, quien tiene dominio del hombre que no ha reconocido a Jesús como Señor de su vida, y ejerce su imperio contra los pecadores. Son muchos los que han preferido quedarse en el reino del príncipe de las tinieblas, y en ocasiones disfrutar por un breve tiempo de una ilusoria quietud transitoria, que les lleva al camino de perdición, pues todo lo hacen a través del pecado y la obra de maldad, en contraposición con lo que nos da nuestro Señor, quien es la luz de mundo «¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?» (Hebreos 9:14).

Mi amado Señor, ¡danos siempre Tú paz! Mi rey cuando estemos pasando las escenas más turbulentas de nuestras vidas, danos Tu paz. Cuando estemos andando por las aguas más apacibles y armoniosas, danos Tú paz. Prepáranos Señor para que ese fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22), la paz, se haga vida en cada uno de nosotros, escóndenos en la paz eterna que solo Tú sabes dar.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga
Sandra Núñez