Hemos llegado a la narración donde se encuentran las últimas palabras de las enseñanzas públicas de Jesús a las multitudes, lo que la convierte como una conclusión de todo el testimonio alusivo al ministerio público de nuestro amado Señor.

Durante todo su ministerio público Jesús se mantuvo diciendo que el Padre le había enviado, ahora en esta última enseñanza les manifiesta nueva vez Su unidad con Dios Padre, y el hecho de que siempre se sometió a Su voluntad, pues Jesús nunca hizo nada por Él mismo, todo estuvo de acuerdo a la voluntad de Dios, tal como lo expresa Juan 5:30 «No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre ».

Es evidente la incredulidad de la mayoría de los que estaban allí, sin embargo también sabemos que muchos creyeron, por lo que «Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió» (Juan 12:44-45). Aquí Jesús nos habla de la fe, de que tener fe en Dios y tener fe en Él es la misma cosa. Pero luego nos habla de «y el que me ve, ve al que me envió» (Juan 12:46), es decir que para conocer a Dios debemos estudiar las palabras y la vida de Jesús. Recordemos que Jesús enseñó la misma doctrina que Dios le había encargado que hiciera Juan 8:38 «Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre».

Nueva vez Jesús declaró que Él es “la luz”, lo que en hebreo quiere decir: la fuente de vida o la luz que da la vida. Y continúa diciendo que vino al mundo para los que en Él creen no permanezcan en tinieblas. En estos versículos Jesús expone su deidad de una manera maravillosa, asimismo dice el motivo por el cual vino a esta tierra y eso es “para salvar al mundo”, ya que el amor de Dios hacia los hombres fue la única razón por la que Él enviara a su Hijo. ¡Bendito seas Señor!

Amados hermanos y amigos, Jesús declara el resultado de creer en Él o de rechazarlo. En Jesús es donde Dios y el hombre se encuentran, es ese puente que conecta al hombre con Dios. Pero un día Jesús regresará al mundo y vendrá con funciones de juez, todos seremos juzgados según ‘la Palabra de Dios’; o sea que esas palabras que hemos oídos serían nuestros jueces.

Definitivamente habrá un juicio, nadie tendrá justificación, la Palabra de Dios que nos ha sido expuesta y que hemos oído, así como las muchas ocasiones en que hemos tenido la oportunidad de conocer la verdad y la hemos aceptado o renunciado a ella, serán nuestros testigos que el Señor presentara en el juicio final.

El veredicto de ese juicio tiene implicaciones eternas:
a. Condenación eterna: Arrojado al lago de fuego perpetuo
b. Vida eterna: Disfrutar de la gloria de Dios por la eternidad

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez