Para la fiesta de la Pascua venían a Jerusalén judíos de todas partes del mundo, ese era uno de los grandes anhelos de un judío; ‘celebrar la Pascua en Jerusalén’, y continua así hasta hoy día. En cierta ocasión se hizo una estimación para saber cuántas personas asistían a tan especial evento, y dio cerca de 2,700,000 personas; esta cifra fue obtenida mediante el censo de los corderos sacrificados, los cuales fueron 256,000; y si consideramos que tenía que haber un mínimo de 10 personas por cordero, obtendremos el número.

En fin, la asistencia masiva a la fiesta de Pascua era un número extraordinario de personas, siendo muchísimos de ellos lo que más adelante presenciarían la crucifixión y muerte de nuestro amado Señor, unos como simples espectadores, otros como sus enemigos, y un último grupo como sus ovejas, los que le aman.

En este relato vemos a Jesús haciendo su entrada triunfal a Jerusalén, acompañado de grandes multitudes quienes estaban maravilladas de los milagros del Señor, pero la resurrección de Lázaro fue la señal determinante para que muchísimos creyeran en Él, es decir para ellos en particular fue la señal más impactante de todas. Muchos estaban allí porque habían sido testigos del suceso, y otros porque se habían enterado y sentían curiosidad, el hecho es que hasta sus enemigos, los fariseos se tuvieron que admitir el triunfo de Jesús, pues se dieron cuenta que todos iban tras Él.

Recordemos que en muchísimas ocasiones Jesús evadía a las personas y se retiraba de ellas porque les querían hacer rey, esto debido a las múltiples señales que Él hacía. Ahora lo vemos aquí presentándose en público a pesar de que sobre Él pesaba una orden de detención pues había sido sentenciado a muerte, entonces al entender esa situación para cualquier humano lo más recomendable era que se mantuviera escondido, sin embargo Él mostró su valentía y amor hacia los suyos y se presenta ante la multitud como “el Mesías”, dando cumplimiento a la profecía de Zacarías 9:9 «Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna».

Ahora bien, muchos historiadores y comentaristas dicen que en el recibimiento de Jesús durante su entrada triunfal, pudieron estar presentes cerca de 3 mil personas, es decir una gran multitud, ellos lo recibieron como si fuera un conquistador, como gran libertador. Tenían ramas de palmeras en las manos, siendo esto un símbolo de victoria y regocijo, y allí le dieron la bienvenida con la palabra “Hosanna” que en hebreo significa “¡Salva ahora!”. Asimismo le vociferaban “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor”, diciéndoles muchas de las palabras de alabanzas que están escrita en el Salmo 118:25-26 «Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora. Bendito el que viene en el nombre de Jehová; desde la casa de Jehová os bendecimos». Es bueno destacar que ese Salmo era uno de los primeros que se aprendían de memoria los niños judíos, adicional a que formaba para del ritual de la fiesta de la Pascua.

Los judíos querían un libertador que los sacara de la opresión que tenían los romanos sobre ellos, entendían que el Mesías esperado vendría con ese propósito. Sin embargo Jesús vino con un propósito diferente, vino a reestablecer nuestra comunión con el Padre, a regalarnos una vida terrenal en abundancia, a ser nuestro Salvador y poder estar con Él en la vida eterna. Pero ellos no lo entendieron, es por lo tanto que al darse cuenta de que Él no venía como un conquistador humano a apoyar al pueblo en su rebelión y sacarlos de las manos del imperio Romano, sino a ser el Salvador de nuestras almas, nuestro Rey de reyes, es ahí cuando inicia su decepción en contra de Él, hasta llegar al odio y decirle luego “crucifícale”.

En reino de Jesús, es muy diferente a lo que la mayoría tenía estipulado, Él presentaba un reinado de paz:

• Donde sus doce discípulos eran los nobles de la corte, así como hoy también lo somos tu y yo; hombres y mujeres pecadores a quienes Él ha transformados en nobles, reyes y sacerdotes. Él es nuestro Rey de Reyes y Señores de Señores, nuestro Salvador (Apocalipsis 1:10)

• Él no tenía donde recostar su cabeza (Mateo 8:20), y entró sentado sobre un pollino prestado. Él es creador de los cielos y la tierra, dueño del mundo y su plenitud.

• Sus leyes y estatutos estaban escrito en la Palabra de Dios. El mismo los escribió en los corazones de los que le aceptaron como su Salvador.

• No había militares, pues había dejado el Consolador, para que ayudara al pueblo, este es el Espíritu Santo.

Amados amigos y hermanos, con esa entrada triunfal de Cristo a Jerusalén Él concluía su ministerio terrenal y estaba en camino hacia la Cruz; pero recordemos que prontamente vuelve Cristo a esta tierra a buscar a Su pueblo, y será una hermosa entrada triunfal donde vendrá como Rey de Reyes y Señor de Señores, donde toda rodilla se doblará ante Su presencia y reinará sobre esta tierra por la eternidad. ¿Estás listo para ese encuentro?.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez