Amados hermanos y amigos, este incidente pone el punto final al ministerio público de Jesús, el cual como sabemos inició en el momento en que Juan el Bautista lo presenta como ‘el Cordero de Dios’ (Juan 1:29).

Los fariseos y saduceos formaban la clase gobernante del Israel espiritual, siendo sus principales características:

Los fariseos:
a. Creían en que Dios tenía el control de todas las cosas.
b. Su objetivo principal era “vivir absolutamente bajo las ordenanzas de la ley”, la cual seguían de una forma meticulosa.
c. Eran legalistas, daban mucha autoridad a la tradición oral, hasta el extremo de añadirlas a la Palabra de Dios, estando esto prohibido según Deuteronomio 4:2.
d. Creían en la resurrección de los muertos (Hechos 23:6).
e. Creían que existían los ángeles y demonios (Hechos 23:8).
f. Eran hombre de negocios, la mayoría de ellos pertenecientes a la clase media.
g. Eran muy populares entre la multitud.


Los saduceos:
a. Se consideraban autosuficientes y negaban la intervención de Dios en la cotidianidad diaria.
b. Se ocupaban más de la política que de la religión.
c. Creían que solo la Palabra escrita era de Dios.
d. Negaban la resurrección de los muertos (Mateo 22:23).
e. No creían en la existencia del mundo espiritual (Hechos 23:8).
f. Estos eran un grupo político, aristocrático y muy rico.
g. Eran los colaboradores de Roma, por lo tanto mantenían una posición de autoridad única y dominaban el sanedrín.

Es importante destacar que todos los principales sacerdotes eran saduceos, asimismo era la interpretación jurídica de ellos la que generalmente predominaba.

Vemos como la resurrección de Lázaro es la señal es lo que definitivamente exhibe de manera abierta el gran odio que sentían las autoridades judías, los saduceos y fariseos, hacia Jesús, a quien las evidencias de Sus señales le calificaban como un ‘hombre diferente’, cuyo prestigio público crecía y podía lograr que muchos les siguieran hasta provocar una catástrofe política que redujera a añicos el poder y riquezas de las autoridades judías quienes sintieron mucho temor ante esa posibilidad latente. Temían que Jesús causara un desorden tal que el imperio de Roma tuviera que intervenir en el conflicto y que perdieran su posición de autoridad y privilegios, así como que destruyeran el pueblo.

Caifás era el sumo sacerdote en aquel año, y profetizó, a pesar de ser un hombre de maldad al igual que Balaam en el Antiguo Testamento; Dios le permitió decir una profecía infalible ‘que Jesús había de morir por la nación’; él dijo que les convenía que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Es decir que era preferible que Jesús muriera a que toda la nación tuviera problemas con los Romanos. Pero el significado que Caifás daba a esa profecía era beneficio a sus intereses, él no le estaba dando el significado real espiritual que tenía verdaderamente, pues nuestro amado Señor iba a morir para salvar a todos los suyos, el pueblo de Israel espiritual, y regalarle la restauración de la comunión con Dios nuestro amante Padre celestial y así nosotros poder recibir el regalo de la vida eterna; esa profecía era una verdad mucho más hermosa aun. En fin, después de las palabras de Caifás promulgaron una orden pública de detención de Jesús para luego darle muerte.

Por último la fiesta judía de Pascua estaba próxima, por lo que muchos fueron a Jerusalén para purificarse, ritual que debían hacer antes de la fiesta, y allí conversando muchos se preguntaban si Jesús iría a la fiesta, ya que se había emitido su orden de detención.

Amados hermanos y amigos, con este acuerdo se introduce al relato de la pasión de Cristo, es decir el comienzo del fin, casi llegamos a la última semana de la vida terrenal de nuestro amado Señor Jesucristo.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez