Llegamos a la escena más maravillosa del relato de la enfermedad y muerte de Lázaro, su resurrección. En esta narración veremos en acción al autor de la resurrección, Jesús, ejecutándola sobre su amado amigo Lázaro.

Jesús estaba profundamente conmovido por el dolor de la familia y amigos de Lázaro quien había muerto a causa de una enfermedad, por lo tanto pidió que abrieran el sepulcro donde se encontraba el cuerpo de Lázaro. Marta, quien anteriormente le había dicho a Jesús que creía que su hermano un día resucitaría, y que en Juan 11:27 «Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo» ahora le dice al Señor que Lázaro tenía cuatros días que había sido sepultado por lo que su cuerpo hedía, indicando así que la tumba no debería ser abierta. Y amigos, eso es lo mismo que sucede con el ser humano que está muerto en sus delitos y pecados y que no ha aceptado a Cristo como su Salvador, tal como dice Efesios 2:1 «Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados» los no creyentes se convierten en muertos espirituales y su pecados hieden en la presencia de Dios, y a menos que se arrepientan no podrán recibir la vida, que es Cristo.

Para que el milagro fuera mostrado y la voz de Jesús fuera escuchada por el difunto debían remover lo que estorbaba, quitar la piedra de manera tal que Lázaro pudiera salir al escuchar la voz de Jesús. Leímos que el Señor solicita a los allí presentes que quiten la piedra, y a la verdad debía ser una petición muy difícil de complacer para ‘un judío’, quienes consideraban que era prohibido abrir un sepulcro después que la piedra estuviera colocada, y lo más importante, que para ellos era una impureza legal tocar un muerto (Levítico 21:1; Número 19:14). Sin embargo, vemos como obedecieron al mandato de Jesús y abrieron la tumba.

Lo anterior me pone a pensar en aquellos que no han aceptado a Jesús, si tú fueres uno de ellos me gustaría que pensaras en esta pregunta: ¿Qué te impide a ti escuchar la voz del Señor; leer su santa y bendita Palabra; mantener una comunión con Él; obedecer su voz? Sea lo que fuere, remuévelo; si no puedes sólo, solicita ayuda, pues «Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?» (Juan 11:40). Así que Jesús hoy te dice a ti lo que le dijo a Marta, Él te recuerda Su promesa.

Bueno, inmediatamente Jesús alzó sus ojos al cielo y externó una oración de agradecimiento al Padre por lo que haría, por la respuesta que obtendría, todo para que la multitud creyeran en que Dios lo había enviado y pudiera ver la comunión que tenía con Él. Luego con una fuerte voz Él dice ¡Lázaro, ven fuera!, exponiendo que Él es la Resurrección y la Vida, Fíjese que lo llamó por su nombre, el Señor nos conoce por nombre «Mis ovejas oyen mi voz, y ya las conozco, y me siguen» (Juan 10:27).

Lázaro vuelve a la vida, resucita pero sale atado con el sudario y las vendas. Aquí quiero que observemos el contraste entre la resurrección de Jesús y la de Lázaro, pues cuando Cristo resucitó dejó todo el ‘traje de viaje’ en la tumba, ya que Él resucitó con un cuerpo glorificado. Lázaro resucita atado con su ‘traje de viaje’, el sudario y las vendas, y el Señor le solicita a los que estaban allí que lo desataran y lo dejaran ir, esto simboliza la “Ministración del alma”.

Recuerdo hace muchos años atrás cuando estudiaba en el instituto de mi amada Iglesia de Cristo Ministerios Elim en República Dominicana, definían “Ministración del Alma como la gracia que Dios da por medio de la cual el cristiano puede escudriñar por el Espíritu su alma, detectando deformaciones, ataduras, vicios, herencias y todo aquello que mal se sembró en la vida anterior, antes de conocer a Jesús. La Ministración, es un recurso de parte del Señor para todo aquel cristiano que reconozca su necesidad y que desea tener un alma con salud espiritual”. Del tema de Ministración del Alma hablaremos en otra ocasión.

Quiero hacer una nota aclaratoria, muchos de nosotros podemos estar espiritualmente vivos y aun llevar vendas mortuorias que todavía nos cubren y que impiden que seamos completamente útiles en las manos de Dios; áreas que no hemos permitidos que la gracia divina de Dios modifique, ya sea nuestro mal carácter, forma de mal hablar, en fin cosas que permitimos que nos sujeten y contra las cuales luchamos constantemente. Muchas veces permanecemos con retazos que cuelgan de cualquier parte de nuestro cuerpo, por eso hoy rindámonos ante el Señor para que Su misericordia nos alcance y que Él pueda conquistar ese territorio de nuestro ser y podemos vivir la vida en abundancia que Él nos vino a regalar.

En conclusión, un día Jesús llamará a los suyos por su nombre, sí llamará a lo que hayan muerto reconociéndolo como su Señor e inmediatamente resucitarán. ¡Qué hermosa esperanza tenemos!

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez