Amados hermanos y amigos, en nuestra enseñanza anterior vimos que Jesús estaba en Betania, específicamente en el hogar de sus amados amigos, Marta, Lázaro y María; y vimos que esta última lo había ungido con un costosísimo perfume de nardo puro. Ahora este relato es una continuación del anterior, leemos que una gran multitud se había enterado de que Jesús estaba allí, y decidieron trasladarse hasta Betania, no solamente por causa de Jesús, sino también porque querían ver a Lázaro; quería confirmar si ciertamente estaba vivo, es decir si realmente había sido resucitado, esa era la intención de aquellos que no fueron testigos del milagro; y los que sí estuvieron cuando Jesús hizo el milagro, quizás deseaban saber si Lázaro continuaba con vida.

Llama la atención que los que estaban allí, no tuvieron el interés de denunciar a Jesús, ya que todo aquel que supiera donde se encontraba tenía la obligación de informarlo a las autoridades para fines de apresamiento y posterior muerte, quizás hasta habría una recompensa para quien lo entregara; pero definitivamente Su hora no había llegado aún. En definitiva esas personas, lo único que querían era satisfacer su curiosidad, ver a Lázaro, el resucitado de entre los muertos, pues a ese punto muchos de ellos seguían siendo incrédulos de la fe en Cristo Jesús.

Como sabemos el milagro de resurrección de Lázaro fue la señal que más descompuso a los saduceos cargados de odio hacia Jesús. Este grupo religioso no creía en la resurrección de los muertos y ante el hecho presenciado por una gran multitud, quienes a partir de ese milagro se habían movido a creer en Jesús debido a que la evidencia les mostraba que realmente existía la resurrección, ‘Lázaro fue resucitado por el autor de la resurrección’. Definitivamente los saduceos quedaban mal parados en relación a sus creencias y enseñanzas, lo que obviamente provocó el enojo de estos al punto de querer eliminar la evidencia fehaciente, al mismo resucitado, a Lázaro.

Los saduceos veían a Jesús como un líder que podría provocar una rebelión política, trayendo como consecuencia un desorden civil que incitaría la intervención de Roma; y si esto llegaba a suceder esos líderes políticos perderían sus privilegios, autoridad y comodidad; por lo tanto habían decidido matar no solo a Jesús, sino también a Lázaro, pues ambos estorbaban a sus intereses económicos y de poder.

Amados hermanos y amigos, necesitamos ir en búsqueda de Jesús, no por las señales que hace en nuestras vidas, sino por lo que Él es nuestro Rey y Señor; el Salvador de nuestras almas; Él es Dios. Demos gracias al Padre por su bondad, porque estamos en este caminar en la fe «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 4:10).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez


Sandra Núñez