Esta hermosa narración nos habla de la historia de una familia muy amada por Jesús, en cuya casa Él se había hospedado en varias ocasiones. Esta familia también amaba mucho a Jesús, y estaba formada por los hermanos Marta, María y Lázaro.

Un triste acontecimiento sucedió en ese hogar, Lázaro enfermó, y como sabemos la enfermedad es un proceso de dolor y sufrimiento que generalmente indispone al paciente para realizar sus actividades cotidianas. En el caso de Lázaro asumo que sus achaques eran tan dolorosos que sus hermanas se vieron en la necesidad de recurrir a Jesús en busca de ayuda, por lo tanto le enviaron el mensaje, esperando tener una respuesta positiva e inmediata pero dejando en manos de Él la decisión final a su petición.

Es bueno hacer un comentario muy importante, aunque nosotros los cristianos amamos a Dios y hacemos Su voluntad, eso no nos exime de enfermarnos, pues seguimos siendo hombres y mientras vivamos estamos expuestos a tener quebrantamientos en nuestra salud. Tal como les he dicho en comentarios anteriores, muchas veces la personas de manera errónea mal interpretan lo que dice Isaías 53:5 «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados». Este versículo nos habla específicamente de nuestra sanidad en el ‘alma’. Reconozco que en muchos casos el Señor ejecuta la sanidad en el cuerpo, por eso pertenece a la soberanía de Dios.

La Biblia nos habla de hombres de Dios que pasaron por tiempos fuertes de enfermedad, entre ellos Job, Ezequías, David, Pablo y muchos otros; reafirmándonos esto que nosotros también nos podemos enfermar. El apóstol Pablo dice en 2 Corintios 5:4a «Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia…» (tabernáculo refiriéndose al cuerpo). Amados hermanos y amigos cuando el Señor venga a buscarnos y tengamos nuevos cuerpos glorificados, nuestra sanidad será completa, ya no existirá la enfermedad.

Dice la Palabra que el Señor permaneció dos días en el mismo lugar y se trasladó hasta allá cuando supo que Lázaro había muerto. Es importante destacar aquí que la muerte y resurrección de Lázaro es una señal de la de Jesús, quien ‘resucitó de entre los muertos al tercer día’.

El Señor Jesús espero dos días, pues Él no es como nosotros, que somos muy emocionales, Él siempre actúa según la voluntad del Padre. Esto tiene una tremenda enseñanza para nosotros, pues en muchísimas ocasiones presentamos nuestras peticiones al Señor con el anhelo de que Él intervenga y nos socorra de inmediato, pero ciertamente el Señor es quien decide en qué momento actuar, es decir que debemos recordar que es acorde a “Su soberana voluntad”, pues como dice la Palabra en Romanos 12:2 «la voluntad de Dios siempre es buena agradable y perfecta»; por eso en nuestras peticiones debemos decir “Que esto no sea como yo quiero, sino como Tú quieras, mi Dios Soberano".
 
Pues bien, cuando Jesús les dijo a sus discípulos que volvían a Judea, sintieron temor y le recordaron que los judíos le querían apedrear, por lo que Jesús les vuelve a hacer referencia de que Él es la luz del mundo y que los judíos andaban en ‘oscuridad’ porque no les tenían a Él.

Pues bien, la palabra ‘dormir o sueño’ es utilizada para decir acerca de la muerte de un creyente, el cual un día será despertado por nuestro amado Señor para vivir eternamente con Él. Jesús dice «Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle» (Juan 11:11), a mi ese versículo particularmente me toca el corazón de una manera especial ya que un día los que amamos al Señor dormiremos y Él nos despertará para estar con Él para siempre. Aleluya! Podemos ver en la Biblia muchos ejemplos del uso de la palabra ‘dormir’ para hacer alusión a la ‘muerte’, entre ellos, cuando Jesús dijo que la hija de Jairo estaba ‘dormida’ (Mateo 9:24) y cuando en el martirio de Esteban ‘él se quedó dormido’ (Hechos 7:60).

Luego Jesús les dice a Sus discípulos que el día tiene doce horas, significando que un día no puede terminar antes ni después de ese tiempo, que es un período fijo el cual no puede ser prolongando ni malgastado. Así es mis amados hermanos y amigos, estamos viviendo tiempos muy difíciles y prontamente el Señor vendrá a buscar a su pueblo, por lo tanto debemos buscar a Dios mientras pueda ser hallado (Isaías 55:6), mantener nuestras vestiduras limpias y vivir en santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14).

El versículo más impactante para mí en este relato es «Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella» (Juan 11:4). Les digo esto porque lo he vivido en mi ser, he experimentado el amor de Dios fuertemente en el proceso de enfermedad que he estado padeciendo durante varios años, y he visto a un Dios de amor actuar sobre mi vida. Los que me conocen saben todo lo que he pasado, pero yo tengo un Dios a quien amo con todo mí ser, quien se ha glorificado en medio del proceso de enfermedad que he atravesado. Un Padre que me ama siempre en tiempos de salud, abundancia y gozo, así como en la enfermedad, angustia y aflicción; quien se glorifica en mi vida con su proceder a mi favor; ‘aunque he tenido que pasar por valles de sombra de muerte, Tu ha estado conmigo mi Señor, mi fuente de vida, mi refugio y sanador. Te amo mi Dios, gracias por tu amor inagotable hacia mí’.

Continuando con mi relato, aquella enfermedad de Lázaro sucedió para la gloria de Dios, pues su restablecimiento iba más allá de ‘una sanidad’, el Señor permitió que muriera porque el desenlace final era algo glorioso, ‘la resurrección’, y eso le permitiría a todos los judíos ver la gloria de Dios en acción. Esto también se refiere a la ‘Cruz’ «Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado» (Juan 7:39), pero llegado el momento «Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado» (Juan 12:23).

En conclusión amados hermanos y amigos, Jesús les dice a Sus discípulos que se alegraba de que ellos no hubiesen estado allá para que crean, es decir que por medio del milagro que prontamente Jesús haría a Lázaro, la fe de los discípulos sería fortalecida.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez