Este pasaje acontece durante la fiesta “Hanukkah”o fiesta de la “Dedicación”, la cual era celebrada durante ocho días para rememorar la victoria judaica en uno de los períodos de mayor tribulación y heroísmo que vivieran los judíos. El rey de Siria, Antíoco Epífanes, quien reinó durante los años 175 a 164 a.C. decidió eliminar la religión judía e introducir el pensamiento, la religión y los dioses griegos, por lo que en el año 170 a.C. Antíoco atacó a Jerusalén, llegó al extremo de dedicar el gran altar de los holocaustos a Zeus Olímpico, y a ofrecer sobre 61 sacrificios de puercos a los dioses griegos, es decir los atrios del templo fueron profanados. Se dice que perecieron cerca de 80,000 judíos, y que otros miles fueron vendidos como esclavos.

Judas Macabeo y sus hermanos principiaron su heroica lucha por la libertad. En el año 164 a C. los judíos ganan la guerra, por lo que limpiaron el templo de toda contaminación, y luego procedieron a la purificación del Templo de Jerusalén de los iconos paganos; por lo tanto esta fiesta se llamaba a veces de la Dedicación del Altar; otras Memorial de la Purificación del Templo y también el de la fiesta de las Luces. Esta fiesta se celebra hasta el día de hoy.

Les hice un breve comentario de la fiesta que se celebraba al momento del relato que estamos estudiando, para que vean con que ahínco lo judíos defendían su religión, la cual conocían al dedillo, y cómo resulta contrastante que el “Mesías esperado” tuviera frente de ellos y no lo aceptaran.

Dice la Biblia que Jesús estaba paseando por el pórtico de Salomón, a ese lugar acudía la gente para orar; y los rabinos frecuentaban pasear por allí de una manera muy particular, hablando con sus alumnos y explicando las doctrinas de la fe. Que hermoso allí estaba nuestro amado Jesús y de inmediato se le acercaron los judíos y les dicen «Entonces los judíos le rodearon, y le decían: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo claramente» (Juan 10:24 - LBLA). La respuesta de Jesús fue la misma que ya les había dicho antes, adicional que había presentado sus credenciales. Es bueno saber que ciertamente algunos judíos querían saber quien era, sin embargo la mayoría lo que querían inducirle a que dijera que era Hijo de Dios y de esa manera acusarle de blasfemia.

Nuestro amado Señor expresó Su confianza en el Padre, le hacía ver que todas las cosas tenían su origen en Él, por eso vuelve a repetirles a ellos que no le creen porque no son Sus ovejas, y que Sus ovejas que Dios le dio oyen su voz y le siguen.

Estas son las hermosas promesas que nos da a los que le aceptamos como nuestro Salvador:
1. Vida Eterna: Conocerían la gloria de la vida de Dios.
2. Vida sin fin: Conocerían la gloria de una vida indestructible
3. Vida segura: Nada lo podría arrebatar de Su mano

Mis amados amigos y hermanos, como todos sabemos Jesús es el Ungido prometido de Dios. Jesús habló de la unidad de Él con Dios la cual viene del perfecto amor y la obediencia hacia el Padre. Nos sentimos más que bendecidos de haber aceptado a nuestro Señor Jesús como nuestro Salvador; por haber salido de las tinieblas a la luz admirable y por tener esa Salvación tan grande que nos lleva a la Vida Eterna junto con nuestro amante Padre Celestial y nuestro Señor Jesucristo.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.
Dios les bendiga
Sandra Núñez