El pasaje anterior concluyó en que el nuevo vidente había sido expulsado de la sinagoga por reconocer a Jesús como su sanador y por decirle que a su parecer Jesús era un "profeta" debido a las señales que hacía. En este relato vemos como es Jesús quien buscó al nuevo vidente, quien nunca le había visto y al encontrarlo le hizo la pregunta más transcendental en la vida de todo ser humano: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”, el nuevo vidente requería dar el paso final para alcanzar la plenitud de su sanidad y el milagro más extraordinario, “reconocer y creer en Jesús el Hijo de Dios”, es decir identificarse como cristiano.

Cuando el nuevo vidente escuchó la pregunta, él contestó con otra pregunta «Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?» (Juan 9:36). Y Jesús le da una hermosa repuesta, en ese momento Él por infinita gracia se le revela a este hombre como “el Hijo de Dios”; inmediatamente ese hombre hace la confesión de fe, dice «Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró» (Juan 9:38), de esta manera lo reconoce como Dio; qué tremendo acto de fe. En ese momento el hombre queda plenamente sano, pues Jesús le había sanado sus ojos físicos, ahora lo sanaba espiritualmente.

Jesús dice en Su Palabra que Él vino al mundo para dar vista a aquellos que son ciegos espirituales y para que los que ven sean cegados; es decir para esos que tienen un alto concepto de sí mismos y de su sabiduría pero creen no necesitar la presencia de Jesús en sus vidas sean consumidos por la falta de luz y su ignorancia. Jesús vino a presentar la alternativa de creer o no, cada cual debe tomar la decisión que consideren, si seguir viviendo en su incredulidad o escoger a aquel que es la “luz de mundo” y creerle a Él, a Jesús.

Lo que han decido en permanecer incrédulos consideran la predicación de la cruz locura, pero para nosotros los que hemos decidido diferente y creemos en nuestro Señor Jesucristo, tenemos la firme convicción de que esa palabra es verdad, tiene poder y salva; tal como dice 1 Corintios 1:18 «Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios».

Los fariseos que estaban con Jesús escuchando su conversación con el nuevo vidente, se sintieron aludidos y le preguntaron que si Él les consideraba a ellos ciegos, claro en el sentido espiritual; esto porque ellos se consideraban intelectuales de la Palabra, tenían un elevado concepto de sí mismos como conocedores de Dios y adicional a eso, rechazaban a Jesús como el Hijo de Dios. Ciertamente no eran poseedores del discernimiento espiritual de los que tienen la mente de Cristo, tal como dice 1 Corintios 2:15-16 «En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo». Los fariseos definitivamente eran ciegos espirituales quienes rechazaban el evangelio de la gracia dado a ellos por Jesús, y por lo tanto preferían permanecer siendo culpables de sus pecados, los cuales seguían sin ser perdonados.

En conclusión, antes de conocer a Jesús y que Él se revelara a nuestras vidas como el Hijo de Dios, nosotros éramos ciegos espirituales, pecadores sumidos en la perdición, sin embargo un día Jesús se nos acercó, nos abrió los ojos regalándonos su luz y al igual que al nuevo vidente físico nos preguntó “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” y confesamos nuestra fe y lo aceptamos como nuestro Salvador y le dijimos “Sí creo, Señor”, y es desde ese momento que rendimos nuestro ser delante de Él, nos postramos ante Su presencia y le adoramos. Gloria a Dios por eso! pues Él nos ha regalado una vida terrenal en abundancia, la salvación de nuestras almas, y la seguridad de una vida eterna junto a Él (Juan 3:16; 10:10).

Por el contrario si tú aun no le conoces, no seas como las autoridades religiosas del pasado que creían ver pero que realmente estaban completamente enceguecidos espiritualmente. Es bueno que sepas que Jesús tiene mucho tiempo buscándote y como en tantas ocasiones hoy se revela a ti como lo que Él es, el Hijo de Dios. Estoy segura de que ya el Señor te ha preparado el camino como lo hizo con el nuevo vidente físico, Jesús hoy te llama pues sabe que estás listo para dar el paso final, el Señor te pregunta ahora: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”

Deseo dejarte estos versículos: «La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?» (Mateo 6:22-23). Recuerda que solo Jesús puede transformar tus tinieblas en luz, muestra toda tu buena disposición para la fe y permite que el único Salvador del mundo quite tu ceguera espiritual, las vendas de tus ojos y te convierta en un nuevo vidente espiritual que está en la presencia de la Luz de Mundo que es Jesús y reconócelo como el Hijo de Dios, como tu Salvador.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez