Al leer estos versículos siento una inmensa alegría porque describen de una manera hermosa lo que es el “discipulado”. El Señor nos dice cuál es la única manera en que podemos ser “verdaderamente Sus discípulos” y esta es “permaneciendo en Su Palabra”.

Recordemos lo que dice Juan 1:1 «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios». Este versículo no habla de Cristo, tal como lo expresa Juan 1:14 «Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad».

“Verbo” significa “Logos”, la cual viene del griego que significa “palabra”, esto nos lleva a concluir que Cristo es la Palabra. Por lo que para ser verdaderamente Sus discípulos debemos permanecer en Él, si no es así es imposible lograrlo «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5).

El primer paso para ser “verdaderamente Sus discípulos” es creer en Jesús, en Su palabra; y para creer en ella debemos de escucharla, «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17). Al aceptar a Jesús y creer en Él, lo conocemos como “la verdad”, porque Él es “la verdad”, todo lo que dice es “la verdad”; por lo tanto al conocer la verdad “seremos verdaderamente libres” y esa libertad nos permitirá:

• Nuestra permanencia constante con nuestro Rey de Reyes y Señor de Señores (Juan 15:5).

• Vivir la vida en abundancia que Él nos vino a regalar teniendo así el privilegio de estar junto con Él en la “vida eterna” (Juan 3:16; 10:10).

• Conocer cada día más a Dios e imitar a Cristo para alcanzar la estatura de ese varón perfecto (Efesios 4:13).

• Amar la Palabra de Dios y ponerla por obra (Salmo 119:97; Santiago 1:22,25).

• Hacer la voluntad de Dios, obedeciendo con deleite Su Palabra (Salmo 40:8).

Nuestro amado Señor Jesús nos dejó una encomienda a todos los cristianos, siendo esta «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén» (Mateo 28:19 -20). Ciertamente para ‘hacer discípulos’ nosotros primero debemos ‘ser discípulos’, siendo conocedores de la Palabra; no hay otra forma de enseñar la Palabra de Dios si no se tiene el conocimiento de ella.

¡Qué bendición tan grande tenemos de conocer la verdad!, siendo ésta nuestro amado Señor Jesucristo; el conocimiento de Él es la única manera en que podremos lograr ser “libres”, «sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo» (Efesios 4:15).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez