La multitud estaba divida en cuanto a la identidad de Jesús como el profeta escatológico al igual que Moisés, o el Mesías esperado. Su capacidad de raciocinio estaba completamente oscurecida, al punto de emitir juicios u opiniones considerándolos ciertos sin serlo y sin mucho menos indagar, pues ciertamente las Escrituras revelaban que Jesús era quien decía ser. Tenían al Mesías frente a ellos y no le reconocieron, ni lo recibieron, tampoco le creyeron y por ende tampoco le obedecieron.

Particularmente muchos creían en Él al momento de ver las señales que Jesús hacía, sin embargo cuando Él decía quién era y de dónde venía, ellos inmediatamente creían que no eran ciertas las supuestas pretensiones de Jesús, pues así lo entendían. El desacuerdo entre ellos motivó que algunos quisieran arrestarle, a pesar de que ninguno se atrevió a hacerlo.

Amados hermanos me atrevo a concluir dejándoles un pensamiento:

a. Contrario a la época de Jesús muchos hoy día pueden admitir que Jesús es el Mesías esperado, el Cristo, el Hijo de Dios pero ‘sin obedecer Su Palabra’ dice en Santiago 2:19-20 «Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?».

b. Otros les buscan hoy día solamente por ‘los panes y los peces’ igual razón por lo que muchos de la multitud les seguían, es decir les buscan únicamente cuando están en dificultades y necesitan de Su favor y beneficios, olvidándose de Él tan pronto todo esté resuelto, «Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis» (Juan 6:26).

c. Pero otros muchos les buscamos por quién es Él, nuestro excelso Dios, nuestro Amado Salvador, Rey y Señor «Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Juan 6:68-69).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez