Este hermoso acontecimiento del cual estaremos comentando citado en Juan 7:37-39 sucedió durante una de las tres grandes fiestas que Dios ordenó celebrar a Su pueblo, llamada Fiesta de Los Tabernáculos, (fiesta de la cosecha, fiesta de las Cabañas o Tiendas). En esa fiesta se conmemora la salida de Egipto del pueblo Israel.

Al momento de Jesús decir las palabras del pasaje antes mencionado, esa fiesta había llegado ya a su séptimo día, es decir la fiesta estaba por terminarse, siendo ese el día más solemne de todos.

Conozcamos un poco del ritual realizado durante esa festividad. En ese entonces se tenía por tradición hacer un acto de procesión y así acompañar al sacerdote hasta el estanque de Siloé para llenar de agua un jarrón de oro el cual luego se vertería en el altar del templo. Esto hacía referencia a la esperanza de una buena cosecha. Al acercarse a la puerta del templo otro sacerdote tocaba la trompeta tres veces, esto servía de señal del regocijo festivo del pueblo teniendo en cuenta el pasaje de Isaías 12:3 «Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación».

Continuando con nuestra historia, Jesús sabía que la sed del hombre no sería saciada con el agua vertida por los sacerdotes en el templo, es por eso que declaró una verdad bíblica: “que Él podía dar al hombre el agua viva”, de esa agua de vida eterna, “como dice la Escritura” pues la misma está llena de una verdadera vida, ya que la Palabra de Dios es vida en abundancia.

El mundo está sediento, y por ello en aquella ocasión Jesús invitó a los que tuvieran sed a que vinieran a Él, eso les dijo a la multitud que estaba allí, ya fueran creyentes o no; así también a los líderes judíos que deseaban matarlo y a los alguaciles que buscaban arrestarlo.

Hoy igual que antes, Él sigue invitando a todos los hombres, sin excepción alguna, pues Su amor alcanza para todos. Él dice en Juan 4:14 «Mas el que bebiere del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que Yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna».

Amados hermanos y amigos, tomemos pues de la única agua que mitiga la sed, recurriremos a la fuente inagotable, «y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo» (1ª Corintios 10:4).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez