Jesús tenía cuatro hermanos los cuales son mencionados en Mateo 13:55. También tenía varias hermanas, (Marcos 6:3; 1ª Corintios 9:5) Todos estos eran hijos de María.

Sus propios hermanos creían en las obras y milagros que Él hacía, pero no confiaban en que Él era el Mesías, por lo tanto, eran incrédulos al igual que muchos de Sus tenaces seguidores que en el capítulo anterior le habían abandonado. Esto nos recuerda lo que dice la Biblia «He sido extrañado de Mis hermanos, y extraño a los hijos de Mi madre» (Salmo 69:8).

Sus hermanos le sugieren que vaya a otras ciudades a mostrar esos tremendos milagros que hacía, pero esto lo hacen con el fin de que Jesús tuviera fama, y que Su popularidad se extendiera fuera de los límites donde Él había hecho los milagros y señales, de manera tal que se manifestara al mundo entero; y para ellos, que mejor momento que Jesús fuera a mostrar Sus señales a la multitud en la fiesta de los Tabernáculos que se celebraba en esa ocasión. Los judíos celebran esa fiesta con motivo de la bendición y presencia de Dios en medio de Su pueblo desde que los hebreos pasaron los 40 años en el desierto.

Deberíamos considerar que esa sugerencia de Sus hermanos también tenía una connotación de sarcasmo, ya que hasta ese momento, Sus hermanos eran incrédulos. ¡Que errados estaban estos hombres y mujeres! Definitivamente que todavía no sabían a quién tenían como Hermano, al Hijo de Dios.

El Señor les dice que el mundo no les puede aborrecer a ellos pues pertenecen al sistema del mundo y se han adaptado a éste, pero que sin embargo, el mundo sí lo aborrece a Él, porque les dice sus obras malas.

Que hermoso es leer más adelante que Sus hermanos estaban en el Aposento Alto contados entre los 120 discípulos sobre los cuales se derramó el Espíritu Santo, después de la Resurrección de nuestro Amado Jesús, esto lo leemos en Hechos 1:14 «Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con Sus hermanos».

Hoy día sucede lo mismo con muchas personas que dicen ser cristianas, porque saben que Jesús vino un día en condición de ‘Hombre’ pero sin pecado; que fue crucificado, muerto y resucitado; sin embargo, esas personas no aceptan a Jesús como su Señor, siguen siendo incrédulos, y no saben quién es verdaderamente Jesús porque no se han comprometido con Él reconociendo que es el Rey de reyes y Señor de señores.

Pero amados hermanos y amigos, que hermoso privilegio siempre tiene todo ser humano para acercarse a Jesús; ese privilegio que tuvieron los hermanos de Jesús quienes lo aceptaron, lo reconocieron como Señor y fueron bendecidos con la gloria de Dios; ese es el mismo privilegio que tenemos hoy tú y yo. Sintámonos gozosos y agradecidos por ser ovejas del redil de nuestro Señor Jesús, porque somos hijos de Dios.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez