Después de escuchar las enseñanzas de Jesús muchos de Sus discípulos decían «Dura es esta Palabra; ¿quién la puede oír?» (Juan 6:60). Para ellos esa Palabra era muy difícil de aceptar, no de entender, pues al comprenderla no quisieron admitirla, ya que la consideraban ofensiva a su estilo de vida. Esa Palabra les confrontaba, por eso la consideraron un mensaje exigente. Cada cual se examinaba e identificaba que vivía una vida desagradable a Dios, ya que el discurso de Jesús los llevaba a comprometerse en todos los ámbitos de su vida, a tener ‘un encuentro con el Señor, y por lo tanto a arrepentirse’; y en último caso a ‘abandonar a Jesús, y regresar a su antigua vana manera de vivir sin esperanza’.

El discurso de Jesús fue dirigido a ‘la carne’ resaltando que ésta nada aprovecha, inclinándose entonces hacia el ‘espíritu y la vida’. ¿Qué les escandalizaba u ofendía a Sus seguidores? Ciertamente la respuesta de ese entonces, es la misma hoy en día. Son en un alto grado las mismas razones que hoy en día tienen los seguidores, y que no les permite pasar a ser creyentes, siendo las principales a mí entender las siguientes:

• Tenían una falta de fe verdadera, y eso no les permitía aceptar lo que oían.
• No podían tolerar Su doctrina, la consideraban muy estricta por ir en contra de sus convicciones, de su vida pecaminosa.
• Se ofendieron por Su declaración la cual iba en detrimento de: ‘vivir a mi manera’; ‘complacer mi carne con los deleites del mundo, dándole placer en todo cuanto pida’.
• Apostatar de la fe y volver a andar en caminos de sombra de muerte, fundamentando sus creencias en doctrinas erróneas.

Muchos le abandonaron, Jesús vio esa situación con tristeza ya que Sus seguidores desertaron, pero anteriormente habíamos visto que Jesús sabía las intenciones de su corazón, sabía que le seguían por interés. Esta actuación también corrobora lo que dice 1ª Juan 2:19 «Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros».

Luego vemos lo que Jesús les dices a Sus seguidores más íntimos, a los doce discípulos “¿También ustedes quieren irse?”; no se los dijo como un reproche, sino más bien con cierta ternura. Recordemos también que entre ellos estaba aquel que lo traicionaría, Judas. Pero que hermoso ver la respuesta de Pedro, como vocero de todo el grupo, la cual le muestra su fidelidad hacia Él:
«Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes Palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Juan 6:68-69)

Amados hermanos y amigos, esa es la misma respuesta que todos nosotros les damos a nuestro amado Señor Jesús hoy día, la misma que le dio Pedro, pues no tenemos a quien otro ir, sino a nuestro adorado Señor Jesucristo; por eso hoy le digo «Mas yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios» (Salmo 31:14).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez