Esta hermosa y extraordinaria historia nos muestra de manera contundente que nuestro Creador, el Señor Jesús tiene absoluta autoridad sobre todo el universo.

Es importante recordar que Jesús había hecho anteriormente la multiplicación de los panes, y Él viendo que luego de esto la multitud estaba dispuesta a hacerlo Rey, les dice a Sus discípulos que se les adelantaran en la barca y fueran a la otra ribera (Marcos 6:45), mientras Él despedía a la multitud para que fueran a sus casas. Esto nos permite pensar que Jesús se reuniría más adelante con ellos. En fin, envía a los discípulos en la barca, y se retiró al monte a orar, Él deseaba estar solo en comunión con Su Padre.

Como siempre les he comentado, toda la Biblia esta repletas de enseñanzas para el tiempo presente las cuales glorifican a Jesús y tienen una aplicación para nosotros hoy. Veamos una de ellas:
Allí estaban los discípulos rumbo al otro lado, obedeciendo las instrucciones dada por Jesús, remando por largas horas, a una distancia que les lleva al cansancio, muy a pesar de muchos de ellos ser pescadores, acostumbrados a la labor. Me los imagino con sus hombros cansados y sus manos adoloridas de tanto remar. Sus oídos escuchando un compás angustiante de olas embravecidas, el rugido del viento y las velas moviéndose de manera extremadamente agitada. Sus ojos entenebrecidos de la oscuridad. Todo ese momento tan dificultoso que estaban viviendo los había embargado de temor. Tú y yo hemos tenidos situaciones similares, tiempos de tantas angustias que nos sentimos perdidos en la oscuridad, como si una densa tiniebla arropara nuestro entorno, y esa aflicción nos llevara a considerarnos perdidos.

Pues bien, lo hermoso de todo esto es como continúa la narración de esta historia, apareciendo Jesús, quien vigila los pasos de los Suyos, como poderoso gigante aparece en la escena. Como Dios que es Él, sabía que Sus discípulos estaban pasando por gran angustia, y viene a su encuentro, viene a salvarlos, entonces fue que ellos vieron a Jesús caminar sobre el mar. Fue tan asombrosa e inesperada la aparición que ante su desesperación pensaron que era un fantasma, pues es insólito, increíble, imposible ver a alguien caminar sobre las aguas como si fuera tierra firme. Para ellos fue una ocasión para temer. Estoy segura de que a mí me hubiese ocurrido lo mismo.

Este maravilloso milagro sobrepasa todas las leyes naturales, es tan asombroso y único, que hasta hoy día nadie lo puede repetir. Este milagro sella ante los ojos de los discípulos el reconocimiento de la Deidad de Jesús. Luego pero Él exclamó: «No tengan miedo, ¡yo estoy aquí!» (Juan 6:20, NTV). Esa es una forma de calmarlos ante la angustia, de darles consuelo por su temor, y hasta de animarlos para que tengan nuevas fuerzas y alcancen la victoria que Él les dará; llevarlos a puerto seguro, salvarlos.

Cuando Jesús dijo “Yo Soy” estaba afirmando Su Deidad. Les decía a Sus discípulos lo mismo que nos dice hoy a nosotros, asumo que es: “confíen no tengan temor, Yo Soy quien los ama a ustedes, y a quienes ustedes aman, estoy aquí para salvarlos. Aunque anden por caminos llenos de dificultades Mi presencia les lleva a puerto seguro, Mi presencia les trae la paz”.

¡Que bendición tenemos nosotros los cristianos de tener a Jesús!, quien nos prometió que nunca nos dejará ni nos desamparará, (Mateo 28:20, Deuteronomio 31:6); en fin que nunca estaremos solos. La mirada amorosa de Jesús, nuestro oportuno socorro, siempre está sobre nosotros.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez