Este es el segundo milagro realizado por Jesús una vez iniciado Su ministerio, Su camino hacia la cruz. Podemos ver aquí el impacto que había tenido el primer milagro de Jesús ‘la conversión del agua en vino’, el cual había transcendido el pueblo de Caná, y era conocido en la provincia. Me imagino la algarabía que había en Caná, ya que el pueblo le dio una bienvenida a Jesús, aceptándolo con gozo, pues muchos de ellos habían ido a las bodas y fueron testigos del milagro; adicional, debemos recordar que en ese entonces se invitaba a una gran cantidad de personas a las bodas.

Este hombre noble pertenecía al grupo de oficiales de Herodes Antipas, que como sabemos mantenía una percepción muy negativa con respecto a Jesús, (Lucas 13:32; Marcos 6:17-19). El oficial tenía su hijo enfermo al borde de la muerte, muy probablemente este hombre rico y noble había gastado una fortuna para que su hijo fuera sano, mas nada le dio resultado. Es de esperarse que ese noble no fuera un hombre religioso, pues ese era el estándar general de los judíos palestinos, sin embargo, estando en su ciudad, Capernaum, ‘oyó que Jesús había llegado a Galilea’, y se aferró a su única y última esperanza, “Jesús”, pues creyó en Jesús porque oyó sobre Su primer milagro en las bodas de Caná.

Ese hombre tenía una necesidad muy grande y una fe muy poderosa en que Cristo podía salvar a su hijo. Fue esa fe que lo movió a buscar a Jesús desesperadamente. A realizar un viaje de un trayecto tan largo, pues este oficial vivía en Capernaum, ciudad que quedaba a un día completo de camino hasta Caná, en la misma provincia de Galilea. Inició el viaje sin importarle que el Rey Herodes Antipas se pudiera enterar y hasta acusarlo de traidor, pues estaba teniendo contacto con alguien a quien él consideraba no apto en su reinado, “Jesús”.

Lo anterior nos hace recordar que no importa en qué posición social o económica estén las personas, a todos nos llega la enfermedad, y que aunque se tenga todo el dinero para pagar excelentes doctores o medicinas, no siempre se obtiene el mejor resultado; pues con el dinero se puede cubrir las deudas y pagar los deleites, pero nunca se obtiene por seguro la sanidad, ni tampoco nos puede evitar la muerte.

Pues bien, ese noble una vez estando con Jesús le ruega que fuera hasta donde estaba su hijo para que lo sanara ya que estaba a punto de morir, y es allí donde el Señor le dice “Si no viereis señales y prodigios, no creeréis”. Y continuó insistiéndole que hasta que Jesús le dijo “Ve, tu hijo vive”, y en ese momento el hombre creyó la Palabra que Jesús le dijo, y se fue. Que maravilloso que al llegar a su casa le informaron que ‘su hijo estaba sano’. Su próxima pregunta para confirmar fue ¿a qué hora había comenzado a mejorar? «El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa» (Juan 4:53).

Cada uno de nosotros debemos recordar que ya sea en tiempo de gozo o de necesidad, el Señor es nuestro sostén, tal como dice en Salmo 73:25 « ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?». Así como recordar siempre que Jesús es Todopoderoso, y que lo único que espera de nosotros en que tengamos fe para creerle a Él. Estemos agradecidos de los múltiples milagros que hemos visto en nuestras vidas, siendo el principal “nuestro nuevo nacimiento”. ¡Gloria a Dios! ¡Señor, incrementa nuestra fe!

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez