Continuamos nuestro comentario sobre el pasaje de la mujer samaritana. Bien, cuando la mujer continuó hablando con Jesús ella le pide que le dé ‘agua de vida eterna’, y Jesús de inmediato le pregunta por su esposo, a lo cual ella responde que no tenía. Ciertamente Él quería dejar al descubierto su vida pecaminosa, no de una forma ruda, sino mas bien de una forma afable haciéndole la pregunta directa a la cual ella respondió sinceramente; luego Jesús le revela su vida, sacando de esa forma las tinieblas de la vida de esa mujer, quedando al manifiesto ‘el pecado’.

Sí amados hermanos, una vez nos acercamos a Cristo debemos presentarle toda nuestra vida, llegando donde Él con un corazón arrepentido y una conciencia despierta, de manera tal que la Luz y la Verdad de Cristo se hagan evidentes en nosotros, y sea transformado plenamente nuestro ser integral. Dios conoce toda nuestras vidas, pues algunos de Sus atributos son la omnisciencia y la omnipresencia, es decir que Él conoce todos nuestros pensamientos y está en todas partes; no existe un lugar donde nos podamos esconder de Él. Así que acerquémonos siempre ante el trono de la gracia con corazones sinceros para nuestro Padre celestial.

Volviendo a la samaritana podemos ver que cuando ella vio que Jesús sabía su vida le dijo que le parecía que Él era profeta, pero quizás se sintió avergonzada de su pasada manera de vivir, pues hábilmente le cambió el tema desviándose de un asunto personal a uno público y religioso. Así muchos de nosotros pudimos habernos sentido, pues la mayoría vivíamos una pasada vida sin Cristo de las cuales no estamos orgullosos, pero sí gozosos y agradecidos de que nuestro Señor nos rescató, por eso vamos al próximo paso, que es “adorarle”:
«Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Juan 4:23-24).

Con toda esa plática que sostuvieron Jesús y la mujer samaritana, ella estaba siendo preparada para recibir la “gran noticia”, y de repente «Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando Él venga nos declarará todas las cosas» (Juan 4:25). Tal vez ella estaba sospechando que estaba frente a Él, eso no lo sabemos, pero como Jesús le había dicho ‘si supieras quien te pide de beber’, me atrevo a pensarlo.

Cuando Jesús le dice que Él es el Mesías, esta mujer se sintió tan feliz que salió corriendo dejando el ‘cántaro de agua’, pues ya el ‘agua viva estaba rebosando su corazón’, ya no necesitaba un recipiente externo, Dios había desbordado su corazón con esa preciosa agua, y eso fue lo que la capacitó para ir a informar a toda la ciudad sobre su encuentro con el Mesías, convirtiéndose, como dicen muchos, en la primera ‘Evangelista’. Y muchos creyeron por su testimonio, y como Jesús se quedó dos días más, también creyeron por la Palabras que de Él oyeron: «y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo» (Juan 4:42).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez