El mismo Jesús había dicho que Juan el Bautista había sido el mayor de los profetas. Ese profeta estaba revestido de dos grandes características, la humildad y la mansedumbre; las mismas les permitieron ejecutar la tarea a la cual fue enviado “preparar el camino del Señor”, (Malaquías 3:1; Mateo 11:10; Marcos 1:2; Lucas 7:27), pero para ello, tuvo que:

“Anunciar a las personas sobre el arrepentimiento, exhortándoles a que cambiaran su manera de pensar y actuar para poder recibir la Palabra de Dios; quitando los impedimentos de la mentes y corazones de las personas, de manera tal que cuando Cristo vinera encontrara la tierra fértil, preparada para recibir la semilla de Su Palabra”.

Juan el Bautista y Jesús se encontraban bautizando en la tierra de Judea porque allí había muchas aguas. En ese lugar los discípulos de Juan estaba teniendo un ‘conflicto doctrinal’ con los judíos por el tema de ‘la purificación’, (acerca de este tema podemos leer en el Antiguo Testamento en Números 19). Podemos asumir desde ahí, que esos discípulos podían tener un ánimo cargado, y quizás les llevó a pensar como si estuvieran en una competencia. Pienso esto por la siguiente cuestión. Los discípulos de Juan se acercaron a él y le dijeron: «Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a Él» (Juan 3:26). ‘Todos’ iban a Jesús para que fuera Él quien les bautizase, y esa situación fue considerada por los discípulos de Juan el Bautista como una intromisión de parte de Jesús.

Esos discípulos se sintieron confundidos porque las personas estaban siguiendo a Jesús, y no a Juan el Bautista, y pudiéramos ver esto como una muestra de envidia y de celo. Sin embargo Juan reaccionó de una forma muy diferente a la de sus discípulos. Él sabía que Jesús es el Mesías, sabía que es verdaderamente el líder al que la gente debía seguir. Asimismo expresó “No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo”, (Juan 3:27).

Volviendo al tema anterior, ese hecho nos presenta un prototipo doloroso de la envidia y celos, los cuales en ocasiones suelen existir entre los que profesan ‘mi religión es la verdadera’. Debemos como cristianos guardarnos de asumir una posición similar a las de los discípulos de Juan el Bautista, la cual nos lleva a tener sentimientos de géneros negativos. Debemos cuidarnos hasta de compartir dicha actitud con otros cristianos de manera tal que no seamos contagiados, sino mas bien que podamos decir: «¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún» (Filipenses 1:18).

Finalmente, Juan concluye diciendo «El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe» (Juan 3:29-30). Vemos con estos versículos que Juan el Bautista estableció claro cuál era su posición, “amigo del esposo, no el esposo”, es decir que el Esposo es “Jesús”. Lo que él expresa podemos interpretarlo como que “él está al lado del esposo y lo escucha, se llena de un gran gozo, y con eso se cumple en él lo que más desea, que es parecerse más a Cristo, y dejar su vieja naturaleza y malas actitudes”.
Esa es la misión de todos los cristianos hoy día, que las personas sigan a Jesús, y no a los hombres, «Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza, esto es, Cristo» (Efesios 4:15).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez