Estos versículos son una continuación de la conversación que tuvo el Señor Jesús con Nicodemo, expresándole en los mismos que el propósito principal de Él no era para limitar a los seres humanos en su accionar diciéndoles hagan esto, pero aquello no, es decir no vino a traer un código de conducta, sino más bien que ‘Dios lo había enviado para salvar a los hombres’.

La Palabra de Dios está plenamente cargada de significados para aplicar a nuestras vidas, esa Palabra que es viva y eficaz nos transmite una enseñanza fresca cada vez que la leemos, la cual sirve como una fuente inagotable que genera el hermoso anhelo de vivir la ‘esencia del evangelio’, permitiéndole al hombre entre otros aspectos:

• Creer que con la muerte en la cruz y la resurrección de Jesús, llevó todos nuestros pecados para redimirnos de la muerte.
• Recibir a Cristo como nuestro Señor y Salvador.
• Permitir que el poder del Espíritu Santo se haga operante en nuestras vidas.
• Seguir a Jesús, amando andar en la luz y la verdad, que es Cristo, siendo esto evidente a través de nuestro gozo, así como el deseo ferviente de vivir en santidad, y la manifestación de que nuestras obras son de Dios.
• Deleitarnos haciendo la voluntad de Dios.
• Creer que por Su gracia somos salvos.
• Estar exonerados de la condenación eterna, en el juicio final.

Algunas personas dirán, ‘pero yo creo que Jesús es el Hijo de Dios’, pero con sus hechos lo niegan. Ciertamente cree en Él como un ‘personaje histórico’, pues es un hecho real mostrado que Jesús vino a la tierra. Sin embargo, en los versículos citados en nuestro estudio podemos ver las tantas veces que Jesús le dijo que el “Nuevo Nacimiento está fundamentado en creer”, es decir que hay que tener fe en Jesús como Salvador, y al creerle a Él, todos obedecerán, ya no continuarán en rebelión con Dios. El impacto de la fe debe ser tal que las personas crean en Jesús como el "Salvador", y que lo acepten, es decir lo confiesen con sus labios, como tal, a fin de que se ejecute el Nuevo Nacimiento espiritual en ellos.

Otros definitivamente no creen; siendo la incredulidad de la persona de Jesús, el peor pecado de todos, (Hebreos 10:26-29). Por eso en Juan 3:18 dice que “el que no cree ya ha sido condenado”, esta oración está en tiempo presente, significando que eso está ocurriendo ahora.

Ser un incrédulo es no tener fe de que Jesús es el Hijo de Dios, ‘el Verbo de Dios, el Cordero de Dios’, cuya misión principal cuando vino la primera vez fue ‘salvarnos’. El que no cree en Jesús está separado de Dios, y condenado a una muerte eterna ‘en el infierno’. La muerte natural o física puede venir en cualquier momento, nadie puede garantizar que en los próximos 3 segundos estará vivo; pero sin embargo, todavía hay esperanza para los que no creen, estando con vida en esta tierra ellos pueden acercarse a Jesús, y reconocerle como su Señor y Salvador. Aún pueden pasar de las tinieblas a la luz. Si conoces a alguien que no ha aceptado a Jesús conviértete en sembrador de la Palabra de Dios, y lleva el Evangelio a los que no le conocen, háblales de Jesús, y preséntales el plan de salvación.

La primera vez que Jesús vino, lo hizo como el “Cordero de Dios”, por eso todo gira alrededor de la cruz; Él vino a ser sacrificado tomando el lugar que nos correspondía a ti y a mí, todo con el único objetivo de ‘salvarnos’; pero la segunda vez que venga Jesús, vendrá a juzgar y a castigar, (Apocalipsis 19:11-16, 20), y los que no creyeron en ese momento será tarde para intentar reconocerlo, pues ya esa oportunidad habrá pasado.

Mantengámonos proclamando el Evangelio, y viviéndolo, y recibamos con gozo esa salvación tan grande, nuestra fe salvadora en Cristo, y permitamos que se haga vida en nosotros: «Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios» (Juan 3:21).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez