Con los últimos versículos del capítulo 13 concluye el sermón dado por Juan el Bautista, expresando que Jesús es el Hijo de Dios, el que viene del cielo, quien siempre habló, y predicó de verdades absolutas originadas del mismo corazón de Dios.

Juan el Bautista hizo una gran declaración a la audiencia que escuchaba ese sermón, les habló de los privilegios de los creyentes en Jesús, y el destino final de los incrédulos, es decir la vida eterna y la muerte eterna. Juan predicaba de las buenas nuevas de salvación, e invitaba a las personas a ‘arrepentirse’ para pasar de muerte a vida, ya que el reino de los cielos estaba cerca.

Jesús a los suyo vino, y los suyos no le recibieron, prefirieron vivir en las tinieblas y permanecer siendo impíos, y con respecto a ese grupo dice Salmos 7:11 «Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días».

Hay muchísimas condiciones por las cuales el incrédulo, (inconverso) dice ‘no creer en el Hijo de Dios’, aun ellos considerándose ‘buenas personas’, merecedoras de ir al ‘cielo’ debido a sus ‘buenas obras’ caritativas, obviando por ignorancia que:

• «Solo existe un mediador entre Dios y los hombres, ese es Jesús» (1ª Timoteo 2:5).
• «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9).

Ahora bien, necesitamos hacer una observación. El incrédulo o inconverso es la persona que no cree, y por ende no ha profesado a Cristo como Señor y Salvador; muy diferente del “impío”, que es la persona que habiendo conocido y profesado a Cristo como Señor y Salvador, se ha apartado de Sus caminos.

Pero existe una noticia esperanzadora, y es que todavía los que no creen están a tiempo de “creer en el Hijo de Dios, Jesús”. Dice la Palabra en Romanos 10:17 «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios» por lo tanto, esas personas deben de leer la Biblia la cual es infalible e inerrante. Está contenida en ella la Palabra de Dios, Sus estatutos, el plan de salvación, la descripción de Su amor, la exhortación de cómo vivir acorde a la voluntad de Dios; entre un caudal de temas de suma importancia para nuestro crecimiento espiritual, y para vivir la vida en abundancia que Jesús nos vino a regalar a precio de Su sacrificio por ti y por mí, y de igual manera, el derramamiento de Su preciosa sangre. Este libro, a pesar de haber sido atacado por muchos, ha sido reconocido por otros, como la Palabra viva de Dios, y aún transcurridos 2,000 años, aún sigue siendo vigente y aceptado, sencillamente porque es “la verdad”, «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2ªTimoteo 3:16-17).

En conclusión es un mandato de Dios el creer en Su Hijo, por tanto es un pecado ser incrédulo, porque se convierte en desobediencia a Dios. Por eso la Escritura dice: «El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el Nombre del Unigénito Hijo de Dios» (Juan 3:18).

Nuestra función es decir lo que la Biblia dice: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por Él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos Sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos Sus mandamientos; y Sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1ª Juan 5:1-5).
¿Realmente cree usted que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Y su familia también cree? Enseñe usted el Plan de salvación a otros, y si usted también necesita conocerlo, por favor acérquese a una iglesia, o a otro cristiano.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez