Juan el Bautista es el mensajero que precede a nuestro Señor Jesucristo, y le prepara el camino, (Isaías 40:3; Mateo 3:3). Sus padres ya siendo de edad avanzada recibieron respuestas a sus oraciones, y Dios le concedió a ese hijo, quien desde antes de nacer fue consagrado a Dios. Conocido como el último de los profetas, después de un largo silencio por parte de Dios durante 400 años, ya que durante todo ese tiempo no hubo profetas en Israel a través de los cuales el pueblo recibiera mensajes de Dios. El mismo Jesús da testimonio de Juan el bautista como el profeta más grande nacido de mujer, (Mateo 11:11).

Desde su juventud vivía en el desierto, y vestía ropa de piel de camello y cinturón de cuero. Juan el Bautista predicaba en el desierto anunciando la pronta llegada del reino de Dios y de su Rey, “nuestro Señor”. Inició su ministerio antes que Jesús, pues su principal rol era preparar el camino del Señor, mientras tanto Jesús permanecía desconocido. Cumplió con gozo su ministerio, e hizo siempre la voluntad de Dios.

Este profeta dijo de Jesús, lo que leemos en Juan 1:27 «Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado». También, dijo que el bautizaba con agua, no obstante el Señor bautizaría con el Espíritu Santo y fuego, (Marcos 1:8; Mateo 3:11); haciendo referencia con esto a la Divinidad de Jesús, el Mesías esperado.

Su predicación impresionaba a la gente, anunciando la Venida del Mesías, y el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados, (Lucas 3:3). Los que creían el mensaje eran bautizados, mostrando así el arrepentimiento de sus pecados, y su fe en la Venida del Mesías.

Además Juan el bautista fue un gran maestro que tenía muchos discípulos, (Juan 1:35), a quienes les enseñaba acerca del reino; a ayunar y a orar, (Marcos 2:18; Lucas 5:33,11:1). Muchos se preguntaban si no era que Juan el Bautista, fuera el “Mesías esperado”, (Lucas 3:15), sin embargo, él siempre se proclamó como el “precursor del Mesías”.

Recordemos que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. Jesús, quien no tenía necesidad de bautizarse, pues Él nunca pecó, acudió al llamado de Juan para que se “cumpla toda justicia”, como Él mismo lo declaró, (Mateo 3:15), y sirviera de ejemplo a los pecadores de la importancia y necesidad de arrepentirse y bautizarse, de manera tal que no omitieran ese acto de obediencia, que más adelante se convertiría en una ordenanza dada por nuestro Señor Jesucristo.

Asimismo, cuando Jesús fue bautizado le fue confirmado a Juan que Jesús era el “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, y el que bautiza con el Espíritu Santo”, (Juan 1:31-34).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez