Hemos llegado a la puerta de entrada del último lugar del Tabernáculo, el “Lugar Santísimo”, la cual se llama ‘Vida’, hablando esto de Cristo, pues «Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6). Esta puerta es la que divide el Lugar Santo del Lugar Santísimo y la conduce a este último lugar, donde la gloria del Padre era manifiesta.

El nombre de esta puerta simboliza todo lo que allí hay ‘Vida’; vida nueva que Cristo nos vino a regalar y de la cual disfrutamos acompañados del Espíritu Santo, y una mejor vida que el Padre nos ofrece la “Vida eterna”, esta será cuando el Señor nos venga a buscar.

Pues bien, ésta puerta colgante o velo, estaba sostenida por 4 columnas, las cuales espiritualmente nos hablan de ‘inspección’. Si, así como Cristo fue inspeccionado por 4 hombres antes de llegar al Padre, Anás, Caifás, el rey Herodes y Poncio Pilato; asimismo nosotros los creyentes debemos ser inspeccionados por 4 diferentes grupos o personas, el mundo, Satanás, la iglesia y Cristo, «Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres» (1 Corintios 4:9).

Cuando Jesús fue crucificado sobre la cruz, el velo del templo de Herodes se rompió, de esto nos habla Mateo 27:51: «Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron», para que se entienda que no fue roto por manos humanas, abriendo esto el camino para que nosotros tengamos acceso directo a Dios, nuestro Padre celestial, tal como dice Efesios 2:18 «porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre».

Espiritualmente esta puerta colgante o velo, representa “estar crucificados con Cristo y resucitados en Él”, «sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado» (Romanos 6:6). Nuestra vieja naturaleza debe ser crucificada con Cristo antes de nosotros poder ver manifestada la gloria de Dios en el Lugar Santísimo. Esa es nuestra meta, tomar nuestra cruz diariamente, y allí crucificar nuestra carne conjuntamente con nuestro amado Señor; esa es la instrucción que Jesús nos dejó en Lucas 9:23 «Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame».

Cristo tomó la cruz voluntariamente, pues quiso venir a morir por nosotros, dejando su deidad y así obedeciendo al Padre hasta la muerte. Nosotros igual tenemos que crucificar nuestra carne de forma voluntaria. La cruz está unida a la resurrección, es decir que al nosotros crucificar nuestra vieja naturaleza diariamente, esto nos dará la victoria para luego ver y palpar la gloria manifiesta de la shekina de Dios.

En ese tiempo para entrar al “Lugar Santísimo” solamente tenía acceso el Sumo Sacerdote, quien podía entrar una vez al año. Hoy ya todos tenemos acceso para ir delante de Dios para ver manifiesta Su gloria, y esto no es permitido gracias al sacrificio de Cristo por usted y por mí, «Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne» (Hebreos 10:19-20).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Núñez