El Candelero era una lámpara de pie compuesta de siete lamparillas (llamas) las cuales ardían debido al aceite de oliva. Esta lámpara permanecía encendida desde la noche (sacrificios de la noche) hasta la mañana, momento en el cual las mechas eran recortadas por los sacerdotes. Es tipo del Espíritu Santo, era la única luz que alumbraba en el Lugar Santo, reflejando su luz en ‘La mesa de los Panes de la Preposición’, la cual es figura de la Palabra de Dios.

Anteriormente les había comentado sobre ‘la mesa de los panes de la proposición’ y pudimos ver que la misma nos habla de la Palabra de Dios; y como les decía, el candelero iluminaba esa mesa y esto espiritualmente nos habla de que solamente con la unción del Espíritu Santo podemos comprender la Palabra de Dios, «Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley» (Salmo 119:18).
Asimismo esta luz se utilizaba para alumbrar el camino del sacerdote (figura del creyente) hasta llegar a la puerta o cortina colgante llamada ‘la Vida’”, siendo esta un velo con querubines bordados, los cuales simbolizan a Cristo glorificado, la cual daba paso al ‘Lugar Santísimo’.

Pues bien, hablemos un poco acerca del diseño del “Candelero”:
• Era completamente de oro puro: Esto nos habla de la divinidad, representada en la persona del Espíritu Santo, quien es Dios.

• Era de una sola pieza y no se dio ninguna medida para el diseño del mismo: El Espíritu Santo mora en nosotros y debemos escuchar su voz. «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir» (Juan 16:13)

• Fue labrado a martillo: Esto simboliza que el creyente debe ser moldeado con martillo hasta llegar a tener la imagen de Cristo, es decir hasta que seamos perfeccionados con la Palabra de Dios; sí escudriñándola y poniéndola por obra.

• La lámpara de pie tenía una vara central, con tres brazos a cada lado, por lo que eran siete brazos, incluyendo la vara del centro; sobre cada uno de estos brazos había siete lamparillas: En Apocalipsis 4:5 dice «Delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios». La vara central representa el Espíritu del Señor, y de esa unción emanan las otras seis unciones o Espíritus del Señor, los cuales son una extensión del Espíritu Santo, citados en Isaías 11:2 «Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová».

• El aceite utilizado para las lamparillas es un símbolo de la unción del Espíritu Santo.

• Cada brazo estaba compuesto por tres grupos de botones y flores de almendro: El árbol de almendro es conocido por ser el primer árbol que florece. El botón, el capullo y la flor nos hablan del crecimiento del creyente desde el momento de su nuevo nacimiento.

Amados hermanos y amigos, que alegría encontrar tantos tesoros en la Palabra de Dios, oremos siempre para que el Señor ilumine nuestro entendimiento y corazón para comprender y poner por obra Su Palabra. «El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63).

Es bueno saber que el Candelero, es llamado por los judíos “Menorá”, y el mismo se ha convertido en el símbolo nacional del Estado judío de Israel.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Núñez