«Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta»
(Juan 7:16-17)

Este relato aconteció aproximadamente en los últimos seis meses de vida de nuestro Señor Jesucristo y con ella el fin de su ministerio terrenal. Jesús asistió a la fiesta de los Tabernáculos, pues como sabemos era obligatorio que todo varón estuviera allí, es por tal razón que leemos como la multitud le buscaba, lo procuraba en murmullo pues nadie se atrevía a mencionarlo abiertamente ya que tenía temor a los judíos. Lo mismo está ocurriendo hoy día, muchos no se atreven a hablar de Jesús por miedo o desgano, pero ¿a qué o a quién?

Podemos ver en este pasaje las opiniones divididas que tenía la multitud con respecto a Jesús, y no deja de sorprender pues muchos de ellos seguían a Jesús ya fuera por sus señales u otros motivos, sin embargo muchos se atrevieron a decir ‘que engañaba’, esta era una acusación extremadamente peligrosa, puesto que significaba que ensañaba idolatría y apostasía, siendo esto castigado con la muerte, tal como lo describe Deuteronomio 13.

Pero ocurre que también otros los acusaron de tener demonios, y esto también denotaba incredulidad ante las obras que Jesús había hecho de parte de Dios. Recordemos al endemoniado gadareno quien actuaban de manera insana, y ciertamente es completamente absurdo que ellos compararan a Jesús con una persona similar a esa; por lo que muchos eruditos asumen que más bien se relaciona a considerarlo como un falso profeta, pero ocurre que esto también lleva a la ejecución (muerte) de quien tal cosa haga (Deuteronomio 18:20).

Continuando con la historia, a la mitad de la fiesta, es decir después de pasado tres días Jesús subió al templo y se puso a enseñar, qué tremendo, siempre vemos a Jesús impartiendo las enseñanzas dadas a Él por Dios, siempre dijo que vino a hacer la voluntad de Su Padre.

Mi amados hermanos y amigos, no hay nada más hermoso que examinar las Escrituras, crecer en el conocimiento de Su Palabra. Algunos de ustedes dirá, ‘es cierto, yo siempre la estudio y amo la Palabra de Dios, siempre tengo hambre de ella’; si usted es de ese grupo, qué bueno, gloria a Dios, entonces aquí nada más le estoy recordando un poquito de ellas. Sin embargo, otros dirán ‘a veces la estudio o casi nunca lo hago’; entonces a esos les recuerdo lo que dice Oseas 4:6 «Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento», es decir no era suficiente, sabían algo, pero le faltaba; sigamos estudiando la Palabra de Dios «Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí» (Juan 5:39).

Todo cuanto Cristo enseñó, es doctrina de Dios

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez