«Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos» (Éxodo 25:8).

Como dije anteriormente cada cosa que Dios le dijo a Moisés que hiciera para el Tabernáculo es una sombra de cosas celestiales. La Biblia dice en Hebreos 8:5 «los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte». Sabemos que el antiguo pacto nos da la sombra y el nuevo pacto nos da la sustancia, es decir el pueblo de Israel caminó en la sombra de las cosas y nosotros hoy caminamos en la sustancia.

Cuando Dios le dijo a Moisés todos los detalles para la construcción del Tabernáculo comenzó desde adentro hacia afuera, tal como hace Dios en nuestras vidas, es decir le dijo el diseño y los muebles que del lugar Santísimo, luego el lugar Santo y por el último el Atrio. Sin embargo, para que puedan entender más fácilmente este tema, estaré comentado sobre el Tabernáculo desde afuera hacia adentro como si estuviéramos haciendo un tours de ese lugar, es decir iniciaré desde el Atrio y concluiré con el lugar Santísimo.

En esta ocasión les hablaré sobre “la puerta del Atrio”, llamada “El Camino” ya que es el camino para llegar a la presencia de Dios, pues dice en Juan 14:6 «Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí». Esa puerta estaba ubicada al lado este y era la única entrada al Tabernáculo (Éxodo 27:16). Como sabemos “Jesús es la puerta”, pues dice en Juan 10:9 «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos». La puerta del Tabernáculo es lo bastante alta para no dejar ver lo que hay detrás, pues únicamente entrando es cómo podemos ver la gloria de Dios y la hermosura de nuestro amado Señor Jesús. Todo lo que pueden ver lo que están fuera es quien es Él y Sus ministerios, el que no entra no lo puede conocer, aunque diga que cree en Él, aunque se llame “cristiano”, verdaderamente no conoce al Señor y está desechando la invitación maravillosa que Él le ha hecho para que se acerque a Él, pues el Atrio o cerca separa a los que ven la cerca de lejos de los que están dentro, tal como dice Salmo 84:10 «Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad».

Las especificaciones dadas por Dios a Moisés para esta construcción es una revelación del Señor Jesús, una muestra de esto son los cuatro colores que tiene el telar de puerta del atrio, los cuales están relacionados con la persona de Jesucristo:

- Azul: Símbolo de las cosas celestiales - Cristo vino de cielo. «Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió» (Juan 6:38).

- Morado: Color sacerdotal – Simboliza al intercesor entre Dios y los hombres, nuestro Señor Jesús, Rey de Reyes. Pertenecemos a un reino de reyes, el reino de Cristo Jesús. «y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén» (Apocalipsis 1:5-6).

- Escarlata: Símbolo de la Sangre que Cristo derramó en la cruz del calvario. Justificados somos por la sangre de Cristo. «Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira» (Romanos 5:9).

- Blanco (lino): Obras justas. «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo» (1 Juan 2:1).

Que maravilloso es ver que esos colores también están relacionados con la revelación de Jesucristo en cada uno de los cuatros Evangelios!

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Núñez