Desde hace casi dos décadas mi tiempo devocional, es por lo general a tempranas horas de la mañana luego de haber concluido con mis oraciones de las madrugadas. Recuerdo que me inicié en eso con el “Ejercito de Damas” de mi amada Iglesia de Cristo Ministerios Elim en Rep Dom, y allí nos reuníamos a orar de forma telefónica a las 5:00 AM, junto a mis amadas hermanas Bélgica Mateo, Magda Pérez, Dimaris Bretón y Daris Lara. ¡Qué tiempos tan hermosos aquellos!

Realmente les puedo decir que para mí es un gran privilegio poder sostener el tiempo más hermoso del día en íntima comunión con mi Señor; esas horas donde estoy A SOLAS con mi Dios, donde no existen las interrupciones comunes de la cotidianidad de la vida.

En ese tiempo tan especial muy temprano en el día de hoy, donde nada más estábamos mi amado Señor y yo; y lo único que podía escuchar era el silencio de la madrugada y el palpitar de mi corazón esperando el encuentro del Señor hablando a mi vida, me llevó a navegar profundamente en el Salmo 33:20-21 y Salmo 66:18-20:

«Nuestra alma espera a Jehová; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros, según esperamos en ti» (Sal 33:20-22).

«Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia» (Sal 66:18-20).

Mientras meditaba en los Salmos 33 y 66, los cuales nos hablan de “Alabanzas al Creador y Preservador” y “Alabanza por los hechos poderosos de Dios”, vino a memoria las muchas oraciones de las cuales no he recibido repuestas de parte de mi Dios, y que aún continuo esperando con fe que Él me responderá: "si, no o espera no es el tiempo". Fue entonces que leyendo esos Salmos pude identificar algunas de las razones por las cuales nuestras oraciones NO son contestadas.

Me quedé pensando en la grandeza de mi Dios y en las tantas ocasiones que en mi vida he dejado de imitarle, siendo así, entonces las veces en las que le fallado, y no entiendo cómo fue posible fallarle, si mis grandes anhelos, los cuales le pido en todas mis oraciones son: “a) Señor que para mí sea un deleite el hacer Tu voluntad. b) Enséñame a ser como tú. c) Quita de mí todo lo que no te agrade. d) Concede las peticiones de mi corazón acorde a tu Santa y bendita voluntad”.

Bien, las Escrituras declaran en Jeremías 33:3 «Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces»; «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré» (Juan 14:12-14). Estos versículos nos aseguran que nuestro Dios escucha y contesta nuestras oraciones. Ahora bien todos pasamos con mucha frecuencia, momentos en los cuales oramos y no vemos repuestas de parte de Dios, entonces pues en esta infografía les presento algunas de las razones por la que esto puede suceder.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Núñez