El principal desafío con el que se enfrenta el hombre natural es el “anhelar vivir en paz”, pues considera que “la paz” trae consigo, entre muchas cosas, seguridad, prosperidad, y sosiego. Cuanto esfuerzo hacen algunos para obtener esto sin Cristo, pero que hermoso saber que para nosotros los cristianos tenemos la esperanza de poder lograrlo, pues a pesar de las muchas vicisitudes diarias, amamos a un Dios vivo, el cual ha conquistado el territorio de nuestros corazones y quien nos regala Su paz.

Para que sea considerado el comentario anterior, les recuerdo que Jesús nos enseñó que pidiéramos en nuestras oraciones “como en el cielo, así también en la tierra”; es decir que la cultura de cielo se establezca aquí en la tierra. Aunque las situaciones celestiales no se puedan presentar de manera general en el globo terráqueo hasta el reinado milenario de Cristo, hasta que el Rey de Reyes y Señor de Señores vuelva a establecerse de forma definitiva, sí pueden presentarse de forma personal en la vida de cada creyente.

Usted puede cuestionar mi comentario y preguntarse cómo puedo asociar esa expresión a nuestras vidas?, le explico, nosotros los hombres fuimos creados del polvo, es decir de la tierra, entonces puedo decir: “como en el cielo, así también en la tierra (yo): Deseo adorarte; someterme a tus designios; buscarte constantemente; deleitarme haciendo tu voluntad; alimentarme con tu santa y bendita Palabra, etc. Ese es el objetivo de presentar esa petición delante del Padre “como en el cielo, así también en la tierra”.

Mis amados oremos con fe, cuando le pidamos eso al Señor. Tenemos la dulce bendición y la certera esperanza de forma personal de que el reinado de Dios fluye en nuestros corazones, en nuestras vidas, por tal razón debemos someternos en obediencia a Dios y vivir una vida terrenal lo más parecida posible a lo que dice la Palabra de Dios; haciendo esto con amor, deleitándonos en Él.

Un ejemplo de esto es el Tabernáculo de Moisés*, el cual es una réplica del Tabernáculo que hay en el cielo; es decir es un tabernáculo terrenal, modelo del tabernáculo espiritual que hay en el cielo. Dios le dijo a Moisés todos los materiales, medidas, ubicación de cada uno de los elementos que se utilizarían en su construcción y Moisés hizo todo cual fue mandado.

«Los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte» (Hebreos 8:5).

«Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios» (Hebreos 9:24).

Al principio de la creación cuando el pecado no había entrado a la tierra, Dios se paseaba en el huerto del Edén, la tierra era como el cielo, un lugar celestial, donde la pureza, la paz y el amor eran su común denominador. Se entonaba una misma alabanza! Hoy nosotros podemos tener la misma cultura del cielo sí tenemos comunión con la trinidad; llenándonos del gozo que tienen en el cielo para expresarlo a nuestro Dios. Sentir el privilegio de la compañía de Cristo en cada instante, pues Él nos prometió que estaría con nosotros hasta el fin, y el fin no ha llegado, siéntase seguro de que Él está con usted.

En fin, el cielo es una ciudad, la cual tiene un Rey, y este pronto volverá a instalar nuevamente Su reinado aquí en la tierra. Es una ciudad que tiene moradas, pues Jesús nos dijo que Él fue a prepararnos moradas a nosotros, es decir que tenemos casas celestiales. Tenemos la bendición de ser partícipes, juntos a los habitantes de los cielos, de la hermosa compañía de Jesús. Queremos que la cultura del cielo se implante aquí. Que como se adora allá se adore aquí.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios te bendiga


Sandra Elizabeth Núñez