"Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi suplica" (Salmo 66:19).

Suplica viene de la palabra griega (G1162) que significa “petición”, es decir que una “oración de súplica” es pedir a Dios por algo en particular, generalmente con “ruegos y a petición de la persona que está orando”.

Dios no nos pide nunca algo que Él no nos haya dado primero, por eso vemos como nuestro Señor Jesucristo es una muestra de “súplica de amor” para que nosotros nos reconciliemos con nuestro Padre celestial, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Por lo anterior hoy tenemos la hermosa oportunidad de elevar a nuestro Dios oraciones de súplicas para que El por Su infinita misericordia nos libere de toda persecución y asedios de nuestros pecados, temores o cual fuere el nombre de nuestra “necesidad”; siendo nuestro principal anhelo que Él nos haga justicia y que alcancemos la restauración, claro esta "de acuerdo a la voluntad de Dios".

Dice la Palabra en Romanos 8:26 “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Así que clamemos al Señor para que el Espíritu Santo nos enseñe a orar, a fin de que nuestras súplicas lleguen ante el trono de la gracia y podamos alcanzar misericordia y digamos:

• “Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica. (Salmo 130:2).
• “Tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia (1Re 8:45).
• “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mat 6:10 )

Dios les bendiga

Sandra Núñez