«Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado» (Mateo 13:33)

Ante de iniciar mis comentarios es bueno aclarar que en la Biblia la “levadura” generalmente representa la maldad, el pecado, etc. Jesús dijo que rechazáramos la levadura de los fariseos, haciendo esto referencia al legalismo, religiosidad, hipocresía, injusticia, etc, muchas de esas malas influencias las podemos encontrar en Mateo 23:1-36. Sin embargo, es bueno hacer notar que en esta parábola la “levadura” es usada en buen sentido.

Esta es otra de las parábolas donde Jesús nos habla acerca del “reino de los cielos”. Las tres parábolas anteriores que hemos compartido han estado relacionadas con la vida agrícola, es decir las mismas se desarrollan en el campo, sin embargo ésta parábola se desarrolla, en el hogar, específicamente en la cocina. Este relato nos habla de forma muy personal. Así como el pan sin levadura es duro y seco, así es nuestra vida sin Cristo; pero cuando la masa contiene levadura y la ponemos en el horno, definitivamente inicia un proceso de transformación; pues a medida que la masa se va cociendo, va aumentando de tamaño, y su crecimiento es notorio, es como si la levadura le comenzara a dar vida y al cocerse podemos saborear un pan suave y esponjoso. Similar a eso ocurre cuando somos alcanzados por la Palabra de Dios, allí en lo más íntimo de nuestro ser integral es que penetra Jesús y bajo la influencia divina comenzamos a crecer espiritualmente y somos transformados «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).

Amados hermanos y amigos, así como la levadura al penetrar en la masa la transforma, igual es la Palabra de Dios cuando impacta nuestra vidas y la ponemos por obra «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón». (Hebreos 4:12).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo de “Las Parabolas de Jesús”, no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de las parábolas, sino mas bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a usted para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en las parábolas de Jesús”, de manera que usted también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Elizabeth Núñez