«Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo» (Mateo 13:31)

Esta “parábola de la semilla de Mostaza” nos habla del crecimiento de la iglesia y el alcance que ha tenido la difusión de la Palabra de Dios. Nuestro amado Señor inicia esta parábola diciendo que “el reino de los cielos es semejante al grano de mostaza”, y esto nos habla “del reino de Dios”, representado en “el estado de la iglesia y el ministerio de la Palabra de Dios”.

La semilla de mostaza es muy conocida por su minúsculo tamaño, sin embargo produce un árbol muy grande, llegando a alcanzar altura entre de tres y cinco metros (10 a 15 pies). En esta parábola la semilla de mostaza representa “El Evangelio”; y el hombre que sembró la semilla es figura del “nuestro Señor Jesucristo”; “el campo” donde fue sembrada la semilla, se refiriere al mundo o a la iglesia en todo el mundo.

Continuando con las figuras, el Señor dice que cuando esa semilla crece se convierte en la mayor de las hortalizas, o sea que a pesar de ser una diminuta semilla, la más pequeña de su especie, su planta es la más grande de todas las hortalizas, a tal magnitud que se llega a convertir en “árbol”, es decir que tiene ramas fuertes. Asimismo, cuando se habla de “árbol” esto es figura de “madurez”, de manera tal que cuando se desarrolla posee ramas lo suficientemente fuertes.

Con la anterior en mente podemos interpretar que a pesar de que nuestro amado Señor Jesús inició la expansión del reino de los cielos el solo predicando el Evangelio, su comienzo fue pequeño, es decir con pocas personas, 12 hombres, Sus discípulos; a quienes da la misión de predicar tal como vemos en Mateo 10:7 «Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado». Esa fue la primera encomienda que les dio a ellos durante su ministerio terrenal "predicar sobre el reino de los cielos". Ya cuando se acercaba su momento de Su partida el Señor les volvió a recordar su misión como colaboradores de la expansión del reino de los cielos acá en la tierra, «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19).

El grupito de los 12 discípulos era pequeño, por lo que luego vemos que el Señor Jesús les da la misión a otros 70 «Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies » (Lucas 10:1-2).

Continuaba el crecimiento de sus discípulos, por lo que después de su resurrección vemos como llega a conformarse la “congregación cristiana o iglesia” cuando fue derramado el Espíritu Santo sobre los 120 hombres allí reunidos. Aun así continuaban siendo un pequeño grupo, sin embargo décadas después vemos como el Apóstol Pablo dice en Colosenses 1:23 «si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro». Que hermosas palabras, él dice que el Evangelio estaba siendo predicando en toda la creación. Desde hace más de 2 mil años el Evangelio se continúa predicando con un crecimiento sostenido y sorprendente.

Nuestro Señor continua la parábola diciendo que a pesar de la mostaza ser la semilla más pequeña una vez crece es la hortaliza más grande, es decir el “árbol más grande” de su especie. Mi amados hermanos y amigos, en esta parábola el Señor Jesús nos habla de hasta dónde puede llegar el crecimiento de una semilla una vez plantada, es decir de hasta dónde puede llegar el Evangelio una vez predicado. Existe una promesa tan poderosa y ésta es «… porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar» (Isaías 11:9); y esa promesa se cumplirá acorde el tiempo de Dios, tal como dice Isaías 60:22 «El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto».

Por último, el Señor nos habla en la parte final de Mateo 13:32 de que «vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas», estas aves son figura de ”los creyentes en Jesús, los participantes del llamamiento celestial”, contrario a las aves de la “parábola del Sembrador que eran figura del enemigo”. Estas aves son figura de todos los creyentes, quienes hemos buscado refugio bajo la sombra de nuestro amado Señor Jesús. Cuando el Señor dice “hacen nidos en su ramas”, espiritualmente esto nos habla de alcanzar la madurez espiritual y estar cobijados bajo la sombra de nuestro Dios, «El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré» (Salmo 91:1-2).

Mis amados hermanos y amigos, el reino de Dios inició con doce discípulos y hoy somos millones de cristianos quienes amamos al Señor y somos súbditos del reino de los cielos, nuestra ciudadanía es celestial «Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo» (Filipenses 3:20). Aún continúa creciendo el reino de Dios en la tierra, hasta que nuestro amado Señor Jesucristo vuelva a buscar a su pueblo.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo de “Las Parabolas de Jesús”, no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de las parábolas, sino mas bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a usted para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en las parábolas de Jesús”, de manera que usted también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Elizabeth Núñez