En esta parábola de ”la moneda perdida” nuestro Señor nos habla del tierno amor de Dios por los perdidos, de su gran misericordia divina hacia cada uno de los pecadores, por lo que nos busca amorosamente, tal como lo expone la Biblia en toda su extensión:

1. ¿Qué? Nos dice que tan grande es el amor de Dios hacia los hombres: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 4:10).

2. ¿Cómo? Entregó lo más preciado, Su Hijo unigénito: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).

3. ¿Cuándo? En el tiempo del cumplimiento de las profecías: «Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley» (Gálatas 4:4)

4. ¿Dónde? Lo envió a la tierra: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:5-8)

5. ¿Por qué? para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).

Siendo “los pecadores perdidos y arrepentidos” parte de los protagonistas de cada de una de las tres últimas parábolas que he comentado, estando éstas contenidas en el Evangelio de Lucas 15, y en la cuales podemos ver a la “trinidad” en busca de los perdidos:

1. Hijo Prodigo: El padre es figura de “Dios Padre” buscando al hijo prodigo, figura de cada uno de nosotros.
2. La Oveja Perdida: Aquí el Pastor es figura de “Jesús” quien busca a la oveja perdida, la cual es figura de nosotros los pecadores.
3. La Moneda Perdida: Aquí la mujer es figura del “Espíritu Santo” quien diligentemente busca a la moneda perdida, siendo ésta figura de todos nosotros.

Esta parábola inicia hablando sobre las dos figuras centrales, la mujer y una moneda perdida. Cuenta el relato que una mujer que tenía diez dracmas, siendo estas 10 monedas de platas, las cuales muy seguramente había recibido como regalo de bodas, ya que era costumbre imperante en Palestina de aquella época regalar una diadema compuesta por diez monedas de plata unidas a una cadenita de plata, esto era el equivalente al anillo que se usa hoy día. Asimismo es importante destacar que ese era el único dinero que llevaba la mujer al matrimonio. A esta mujer se le perdió una de las monedas, por lo que podemos deducir que significado tan importante tenía esa moneda para la mujer.

Adicional a lo anterior, es bueno saber que cada dracma o moneda tenía un valor aproximado a un día de sueldo de un obrero, por lo que esto nos indica que la familia de esa mujer no era próspera, no obstante para ella ese es su tesoro preciado, tanto por el valor sentimental como por el valor en sí de la moneda. Su anhelo de encontrar su preciada moneda hizo que la mujer tomara una lámpara para buscarla, ya que las casas de aquel entonces generalmente tenían dos pequeñas ventanas en forma circular, las cuales no permitían el pase de la luz necesaria para iniciar la búsqueda de la moneda, y si a eso le añadimos que el piso de esa época era de piedras y paja, hacía menos esperanzador poder encontrarla. Pero fue tan diligente que "encontró la moneda".

¡Qué gran alegría sintió esa mujer cuando encontró su tesoro, la moneda perdida! Fue tanta su felicidad que invitó a sus amigas y hasta a sus vecinas para que juntas celebraran con ella ese acontecimiento.

Amados hermanos y amigos, llevando a esto al plano espiritual podemos entender que el Espíritu Santo, el Consolador que nuestro amado Señor Jesucristo nos dejó cuando volvió al cielo, busca diligentemente a los pecadores; son muchos las maneras que utiliza para hacer llegar al pecador hasta Dios, en este caso fueron utilizados:

a) Una “lámpara”: la cual es figura del “Evangelio”, la Palabra de Dios.

b) La acción de “barrer”: siendo esto figura de eliminar y limpiar, es decir de “arrepentimiento”. Asimismo también es figura de la “ministración del alma”, siendo esta nuestra necesidad de ser constantemente limpiados y purificados; y para lograr esto debemos alejarnos y abstenernos de toda clase de impurezas y obras de la carne, y dejar que nuestro Dios nos vaya limpiando y purificando día a día.

Cuando un alma se arrepiente hay celebración en los cielos, fiesta y regocijo por el maravilloso acontecimiento de volver a Dios; de hecho el Señor Jesús dice en Lucas 15:10 «Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente», es decir que la corte celestial de nuestro amado Dios se llena de gozo por cada pecador que se arrepiente. ¡Qué tremenda noticia!, pienso yo que cuando volvamos a nuestra casa, a donde el Padre celestial, cada uno seremos conocidos, pues cuando nos arrepentimos de nuestra vana manera de vivir y fuimos lavados por la sangre de Cristo hubo fiesta en los cielos por ese hermoso acontecimiento. Somos preciosos y valiosos para Dios, quien ha transformado nuestras vidas. Te amo mi Señor y Dios.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo de “Las Parábolas de Jesús”, no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de las parábolas, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a usted para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en las parábolas de Jesús”, de manera que usted también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Elizabeth Núñez