Esta parábola nos habla de la misericordia y amor de Dios hacia su creación, así como también de la redención del hombre. Nuestro Señor Jesucristo hace este relato en medio de una gran multitud, donde se encontraban los publicanos y pecadores deseosos de escuchar las enseñanzas del Señor, pero también estaban allí los líderes religiosos quienes se consideraban puros, y criticaban constantemente a Jesús por asociarse con los pecadores, a quienes ellos los identificaban como impuros y contaminantes.

La parábola Jesús la inicia haciéndoles la siguiente pregunta «¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?» (Lucas 15:4). Ciertamente desde el punto de vista humano sería inconcebible dejar 99 ovejas solas para ir en busca de una, pero como dice Isaías 55:8 «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová»; desde la perspectiva divina Dios sabe que es lo mejor, y definitivamente Él decidió dejar las 99, pues esas son aquellos hombres y mujeres que ya se han arrepentido y que son justos por la imputación de la justicia de Cristo; por eso el rebaño está seguro en el redil, y pensando en función de adecuar la parábola a nosotros en el día de hoy, significaría que esas 99 están en la casa del Padre, es decir pertenecen a la iglesia, han aceptado a Jesucristo como Señor y Salvador; aman a Dios sobre todas las cosas y obedecen al mandato de Hebreos 10:25 «no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca».

Sabemos que apartados del Señor nada podemos hacer, tanto así que eso nos convierte en personas vulnerables al pecado o tentación, y provocamos que las circunstancias adversas vengan a nuestras vidas tal como dice Isaías 53:6 «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros». El Señor sabe que la oveja perdida está en peligro y por eso sale a buscarla, ya que la oveja se alejó tanto del rebaño que no sabe cómo encontrar a su pastor.

Amados hermanos y amigos, para el pastor cada oveja es muy valiosa, «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas», por eso salió a buscarla hasta que la encontró, y la cargo en sus brazos y le hizo grande fiesta. Que gran gozo cuando el pastor la encuentra; y llevando esto a la parte espiritual cuan gran regocijo cuando un pecador se arrepiente, el Señor se regocijo tanto y hay fiesta en el Reino de Dios.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo de “Las Parábolas de Jesús”, no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de las parábolas, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a usted para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en las parábolas de Jesús”, de manera que usted también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Elizabeth Núñez