En este relato vemos dos milagros de transformación que Dios le diera a Moisés para que los presente al pueblo y al faraón como demostración de que el Señor se le había aparecido y le había comisionado para una misión “sacar de Egipto a los hijos de Israel” (Éxodo 3:11).

Moisés mostró gran temor a la falta de credibilidad que tendría él delante del pueblo de Dios al presentársele como el líder enviado para sacarlo de la esclavitud de Egipto. Ahora Moisés pensaba que debía presentarse como “profeta de Dios” y que era necesario mostrar las señales o evidencias que demostrarían que el Ángel de Jehová se le había aparecido y que él había sido encomendando para la misión de libertador, ya que ciertamente era un hombre que el Señor había escogido el propósito divino de la “liberación futura del pueblo de Israel”.

«Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él». (Deuteronomio 18:21)

Jehová le había dicho a Moisés “Vé, porque yo estaré contigo” (Éxodo 3:12), sin embargo aun así alegó varias situaciones que él consideraba desfavorables para realizar la misión dada por Dios, pero qué maravilloso es nuestro Dios pues le dio respuestas a cada de una de las objeciones presentadas por Moisés, de manera que no tuviera ninguna excusa para cumplir con su llamamiento santo.

Con respecto a la señal de la vara, vemos como Moisés hizo todo cuanto Jehová Dios le instruyó, y vemos como cuando tira la vara ésta se convirtió en serpiente, y me imagino qué gran susto se dio Moisés, pues el salió huyendo de ella, y es que él conocía a las serpientes del desierto, sabía que esa no era una "culebrita boba de jardín", no, esa era una víbora venenosa y asesina. Moisés sabía el riesgo que se estaba tomando si ella le mordía. Este fue un milagro que impactó a Moisés pues nunca Jehová había hecho algo así utilizando a él.

El milagro continuó pues Jehová le dijo: “Extiende tu mano y agárrala por la cola”, este era un mandato que para el racionamiento humano era casi imposible obedecer pues en el mundo natural a una serpiente se le debe inmovilizar tomándola por la cabeza, a fin de evitar mordidas y por ella la muerte. Pero Moisés sabía que Jehová Dios estaba con él, así que obedeció y la serpiente se volvió a convertir en una vara su mano ¡Que tremendo milagro!

Luego hubo un segundo milagro tan impactante como el anterior, pues Jehová le dijo que metiera su mano en su seno y cuando la sacó estaba leprosa como la nieve; luego Dios le dijo que la entrara en su seno y cuando la volvió a sacar ya estaba sana. Con la primera señal, la de la serpiente, vimos como algo externo le podía causar la muerte inmediata; pero ahora vemos como algo interno, también le causaría la muerte lenta, lo separaría de su vida cotidiana, ya que la lepra es una enfermedad altamente contagiosa e incurable.

Amados hermanos y amigos, apliquemos estas enseñanzas a nuestras vidas: Dios deseaba depositar la vara en la mano de Moisés, la cual servía como señal de que la presencia de Dios estaba con él. El Señor le muestra que tiene el poder para limpiar el corazón de los que a Él se entregan. Necesitaba que le entrega su mano para que Él le guiara en su caminar en la fe. Anhelaba que Moisés pasara de hacer las cosas con sus fuerzas y a su manera, y se diera cuenta que era un hombre con un corazón transformado por el amor de Dios, que dependía de Él y se debía dejar dirigir completamente del Señor, y que para Moisés debía ser un deleite cumplir con la voluntad del amado Padre, Dios. Ese ese el mismo anhelo y propósito que tiene el Señor para cada uno de nosotros.

La mano limpia de Moisés y su corazón restaurado representan que “la mano” haría lo que le dice “el corazón“, el cual al haberse entregado a Dios, usaría la vara de acuerdo a Su voluntad.

«El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas» (Salmo 24:4)
«Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida» (Proverbio 4:23)
«El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón» (Salmo 40:8)

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Núñez