Nicodemo llegó de noche ante Jesús, porque quizás le dio vergüenza venir de día, ya que como líder fariseo al igual que sus colegas, no debía creer que Jesús era el Mesías. Anteriormente le había visto hacer milagros que mostraban que existía sobre Él un poder sobrenatural que evidenciaba una autoridad sin igual. Se acerca a Jesús justo después que Él purificó el templo.

Reconoció que Jesús ‘era un enviado de Dios como maestro’, es decir que no estaba convencido de que Él era ‘el Mesías esperado por Israel’, ante esto podemos inferir que quizás estaba intrigado por saber sí Jesús realmente era el Hijo de Dios, tal como Él decía.

Nicodemo inicia la conversación y Jesús interrumpe de repente el comentario de Nicodemo, y le deja saber que él no entendería su respuesta pues la misma estaba completamente relacionada con el ‘reino de los cielos’:
«Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (Juan 3:4-6).
Podemos deducir con las lecturas de los versículos anteriores que Nicodemo no estaba preparado espiritualmente para entender lo que Jesús le decía; a pesar de eso, Jesús le continuó explicando sobre el Nuevo Nacimiento pero Nicodemo seguía sin comprender, por eso: «Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?» (Juan 3:10).

Nicodemo era un maestro de las Escrituras del Antiguo Testamento, y como tal, debía saber que el Nuevo Nacimiento se había explicado en Ezequiel 36:25-27 «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros Mi Espíritu, y haré que andéis en Mis estatutos, y guardéis Mis preceptos, y los pongáis por obra».

Aunque nacemos naturalmente sin vínculo espiritual directo con nuestro Dios, debido a la muerte espiritual adquirida a raíz del pecado cometido en el huerto de Edén por Adán y Eva; aun así Dios puso la eternidad en nuestros corazones. Es decir, el ser humano sabe que existe algo más allá después de la muerte, lo saben aún hasta los que no creen en Dios. Nosotros los que creemos en Dios sabemos que hay un reino en los cielos al cual podemos entrar, pero para esto hay un único requisito “nacer de nuevo”.

Que hermoso es ver como Dios al igual que cuando el pueblo de Israel estaba muriendo por las mordidas de las serpientes venenosas, Él hizo un plan para salvarlo, el cual era mirar a la serpiente de bronce levantada en un asta, y todos los que la miraban vivían, (Números 21:4-9). Esto es figura de que Cristo sería levantado en la cruz para que todo el creyera en Él fuera salvo, de manera tal, que se volviera a restablecer nuestra comunión con Dios. Es a través del sacrificio que hizo nuestro Señor Jesucristo en la Cruz que nosotros somos invitados a participar del “Nuevo Nacimiento”, es decir “nacer de agua y del Espíritu”, esto sucede cuando:

1. Reconocemos a Cristo como nuestro Señor y Salvador.

2. Hacemos vida la Palabra de Dios, estudiándola, examinándola y poniéndola por obra, (El agua es figura de la Palabra de Dios, la Biblia).

3. Permitimos la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas en nuestro ser integral, cediéndole nuestra voluntad a Él.

Amados hermanos, que maravilloso es que a través de nuestro Nuevo Nacimiento hemos resucitado espiritualmente, y se ha restablecido la relación con nuestro Amado Dios y Señor. Hemos pasado de “muerte a vida”, (Juan 5:24).

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Núñez