Estando Moisés haciendo sus labores de pastor llegó hasta Horeb, “monte de Dios”, llamado así por los hebreos debido a su gran altura, «Tu justicia es como los montes de Dios, Tus juicios, abismo grande. Oh Jehová, al hombre y al animal conservas» (Salmo 36:6).
En ese hermoso monte tuvo Moisés la aparición del Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza, y esa era una manifestación de Cristo antes de Su encarnación, recordemos que «Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58).

Pues bien, Moisés vio una zarza que estaba ardiendo. Ese es un árbol de tallos largos y con espinas, con flores blancas o rosadas y da un fruto dulce llamado mora o zarzamora. Hago este comentario sobre la descripción del árbol, porque asumo que Moisés había visto ese árbol, y si ese no hubiese sido el caso, a cualquiera le hubiese llamado la atención que un árbol estaba encendido y que no se quemaran las hojas ni los frutos; fue tal la impresión de Moisés que pensó que era un visión.

Es bueno decirles, que la “zarza ardiente” es considerada como un cuadro de la nación de Israel, pues siempre ésta ha estado bajo fuego y no se consume, gloria a Dios por el cuidado que ha tenido de Su pueblo escogido.

Mientras Moisés se acercaba a ver el extraño fenómeno de la “zarza ardiente” fue llamado por Dios con el fin de detenerlo y que prestara atención a las palabras que le iba a decir. Notemos que Dios le llamó dos veces, y yo pienso que cuando yo llamo a una de mis hijas y digo su nombre dos veces, es para que ella se ponga en alerta y venga de inmediato hacia mí; por eso es que creo que inmediato se detuvo y Moisés le dijo “heme aquí”, como diciendo “estoy a tus órdenes, dime que hago y obedezco”. Se puso presente delante de la presencia del Señor.

«Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es» (Éxodo 3:5). Ciertamente no era precisamente la tierra “literal”, la que era santa, es decir el lugar, sino que ese sitio era “santo” porque la presencia de Dios estaba allí en ese momento.

La orden "quita el calzado", es porque los zapatos tienen polvo y suciedad, esto muestra que los se acercan al Señor deben ser verdaderos adoradores orientados a la santidad, nuestro caminar en la fe debe ser firme y con pureza en nuestras almas. Al Moisés estar descalzo significaba que se humillaba ante Dios para que sea Él que lo llene y equipe de todo lo necesario en su nuevo caminar; era símbolo de que abandonaba sus fuerzas físicas como defensor de los desvalidos y se convertía en un instrumento en las manos de Dios para la conquista espiritual de aquellos cautivos.

Por otra parte Moisés cubrió su rostro, tuvo miedo de mirar a Dios, y es que en Antiguo Testamento afirma que ninguna persona puede ver a Dios y seguir viviendo.

El Señor le comienza a decir a Moisés la razón de su aparición; le dice que observó a fondo la aflicción del pueblo y escuchó su clamor. El pueblo estaba siendo golpeado y abusado, les afligían de manera inhumana, poniendo cargas tan pesadas sobre ellos que pidieron a gritos a Dios que les ayudara «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4:16). Clamaron al único y oportuno socorro, y Dios decide intervenir por amor y misericordia, llegando así el momento del cumplimiento de la promesa de Dios de liberar a Su pueblo esclavizado. Él quería llevar a Su pueblo a una “tierra que fluye leche y miel”, siendo esa una expresión común en el Pentateuco para describir la abundancia, riqueza y fecundidad de la Tierra prometida. Amados hermanos y amigos, igual nos pasa a nosotros, Dios libra al hombre un Egipto espiritual para llevarlo a la tierra prometida, a la Canaán celestial, bendito y amado sea nuestro Señor.

El Dios que se revela a Moisés es el mismo que antes se había revelado a los patriarcas y hace el “llamamiento a Moisés” «Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel» (Éxodo 3:10), Moisés es elegido por Dios para ser el instrumento humano para librar al pueblo. Sin embargo, Moisés se consideraba indigno del honor de tal llamamiento. Se sintió incapaz de asumir una misión y responsabilidad tan grande y difícil; y ante ese hecho Dios le dice estas bellas palabras: “Vé, porque yo estaré contigo (Éxodo 3:12).

Amados hermanos y amigos, ante el llamado que Dios hace a tu vida, siempre recuerda que Él estará contigo, no te apresures para iniciar la misión sin Su respaldo, ni alegues poniendo excusas para no cumplir Su encomienda; sencillamente confía y espera en Él, pues cuando el Señor manda Él respalda, «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios» (Salmo 46:10) .

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Núñez