Continuamos con la interpretación de la "Parábola del Hijo Prodigo", en esta ocasión estaré comentándoles sobre “el padre”, quien es figura de nuestro amado Dios Padre.

En nuestro comentario anterior quedamos en la parte del relato donde el padre estaba esperando el regreso de su hijo, pues estaba afuera de la casa y vio a los lejos su llegada. Y cuando aún estaba lejos el padre lo reconoció y de inmediato le salió al encuentro y lo abrazó y besó.

Vemos qué amor tan gran del padre hacia su hijo quien regresaba a casa, quizás con un semblante de vergüenza, tal vez cabizbajo y triste, pero su padre no esperó que su hijo primero le pidiera perdón para el poderle recibir, sino que movido a misericordia lo abrazó y besó, así con la suciedad en su cuerpo y vestiduras; con el alma rota en mil pedazos por el quebrantamiento producto de la miseria que había dejado el pecado en su corazón; en fin en la condición como estaba el hijo, el padre tuvo misericordia y le mostró su amor. Inmediatamente el hijo sintió el amor de su padre le confesó su pecado y él lo perdonó. Esto selló la más hermosa y perfecta reconciliación.

Fue tanta la alegría del padre que le preparó una gran fiesta de recibimiento, «porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse» (Lucas 15:24). Sí, en la vida de este joven estaba haciendo efecto la regeneración, y según el diccionario RAES, “Regenerar” es:
• Dar nuevo ser a algo que degeneró, restablecerlo o mejorarlo.
• Hacer que alguien abandone una conducta o unos hábitos
reprobables para llevar una vida moral y físicamente ordenada

En definitiva e padre colmó al hijo prodigo de múltiples bendiciones, como lo expresa Lucas 15:22-24 y ilustro en la imagen.

Mis amados hermanos y amigos, sabemos que cuando una criatura o un hijo de Dios regresa a la casa a su Creador Dios Padre, hay fiesta en los cielos «Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente» (Lucas 15:10).

Amados hermanos y amigos, Dios anhela que todo pecador venga al “arrepentimiento”, el cual nos lleva a un proceso de regeneración y transformación de manera tal que nos deleitemos plenamente de la riquezas de la gracia del Evangelio, todo con el fin de recibir la vida en abundancia que Jesús nos vino a regalar, tal como dice la Palabra de Dios, «Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará». (Santiago 4:8-10)

Antes en la casa del Padre teníamos un cuerpo espiritual, ahora en esta tierra tenemos un cuerpo terrenal y si nos “arrepentimos, amamos a Dios sobre todas la cosas y ponemos por obra Su Palabra”, cuando podamos regresar nuevamente a la casa de nuestro Padre Dios, tendremos un cuerpo celestial y estaremos juntamente con Él en la vida eterna.

Me despido con los siguientes versículos:

- A los que están alejados de Dios (criaturas de Dios):
• «Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová» (Isaías 55:6-8)

- A los son hijos de Dios y su deleite es siempre hacer la voluntad de Dios:

• Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. (Numero 6:4-26)

Finalizo como siempre recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo de “Las Parábolas de Jesús”, no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de las parábolas, sino mas bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a usted para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en las parábolas de Jesús”, de manera que usted también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a su vida y así ser saciado del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Elizabeth Núñez