En este relato vemos como los justos también fallan, puesto que Abram, el hombre fe, cometió varios errores desde el momento en que toma la decisión de trasladarse a Egipto, veamos.

Debido a que Canaán, tierra fructífera, había sido azotada por la escasez de alimentos Abram partió de la tierra prometida rumbo a Egipto sin buscar la autorización de Dios, quien nunca le dijo que saliera de esa tierra; de hecho recientemente le había dicho que él estaba en la tierra que le daría, leemos Génesis 12:7 «Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido».

Ciertamente ante la hambruna Abram pudo pensar en devolverse hacia la ciudad de Harán, de donde salió inicialmente, y de esa manera retrasar el cumplimiento de las promesas de Dios; no obstante decidió ir a Egipto, aunque bajó hasta allí con intenciones de morar por un tiempo, no pretendía hacer de ese lugar la tierra para él vivir. Particularmente yo veo esta situación como una prueba de fe, pues las circunstancias adversas que vivía por la hambruna, así como el peligro que representaba eso para él y todas las personas a su cargo; lo llenó de temor, el cual fue mayor que la confianza que sentía en que Dios solucionaría todo.

Es bueno que recordemos que en sentido espiritual “Egipto” es figura del “mundo”, es decir que Abram salió de Canaán, el lugar de bendición que Dios le había prometido, y se fue a Egipto, es decir al mundo, el cual está dominado por el enemigo de las almas (Satanás), y plagado de mentiras, pecados y maldad; esto lo podemos ver en cada uno de los acontecimientos difíciles que le ocurrieron a Abram, veamos:

• Tentación: Indujo a Sarai a mentir y a estar expensa a la tentación, ya que le pidió que dijera que era su hermana (v13)

• Mentira: Aunque Sarai era su medio hermana, hija de Arán, hermano de Abram; ocultó que también era su esposa.

• Lujuria: Los egipcios vieron que Sarai era bella y la desearon para el faraón (v14).

• Posibilidad de fornicación-adulterio: Los reyes orientales tienen el privilegio de llevar a su harén a cualquier mujer soltera que les guste (v15).

• Abuso de poder: El padre o hermano no puede poner resistencia ni discutir por que los reyes tomaran a su pariente mujer para su harén, ya que ese hecho era considerado como un supuesto “derecho real” (v15).

• Soborno: A cambio de tomar a las doncellas el rey da obsequios a los parientes, siendo riquezas en ganado y esclavos. (v16).

Para tener una idea más concreta sobre el motivo por el cual aconteció toda esta situación, “la belleza de Sarai”, cualquiera pudiera pensar qué belleza pudiera tener si ella era una persona mayor (anciana). Bien, primero empecemos hablando que para aquellos tiempos las personas tenían largura de años, en este caso en particular Sarai tenía 65 años de edad, por lo que para aquel entonces ella era un mujer de mediana edad, considerando que ella vivió hasta la edad de 127 años (Génesis 23:1). A esto debemos agregar que ella no había tenido hijos, lo que sabemos que impacta mucho la apariencia de la mujer. Y el último punto debemos mencionar que Sarai lució una mujer muy hermosa para los egipcios de aquella época, quienes consideraban a las mujeres egipcias en general “feas, y de tez oscura”.

Pero que fiel es nuestro Dios quien cumple todas Sus promesas, pues vemos luego como Jehová intervino en toda esta situación, mostrando Su misericordia y amor hacia Abram, veamos:

Evitó la deshonra de Sarai, preservando su honor:

a. Faraón nunca tocó a Sarai, pues en aquel tiempo toda joven llevada al harén del faraón requería una preparación especial durante todo un año antes de llegar a ser su esposa. «Y cuando llegaba el tiempo de cada una de las doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses conforme a la ley acerca de las mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con óleo de mirra y seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres» (Ester 2:12).

b. «Más Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram» (v17). Ante la situación de las plagas el Faraón supo que había sido por causa de Sarai, la Biblia no no dice cómo se enteró, pero Dios es Soberano y utiliza los medios como le place. Lo que a nosotros nos interesa saber es que se enteró de la mentira de Abram.

Protegió y salvó a Abraham:

1. Faraón reprochó a Abram por el hecho de haberle mentido, sin embargo nunca tuvo intención de matarlo por eso.

2. Abram se mantuvo en silencio aceptado su culpabilidad al ocultar que Sarai era su esposa.

3. El faraón da orden de que escolten a Abram, junto con su esposa, todos los que estaban a cargo de él, su ganado y riquezas, para que salga de Egipto. Esta salida, anticipa y es figura del éxodo que tendría lugar muchos años después, donde el pueblo de Israel sale de Egipto.

En conclusión, en este relato vimos como Dios intervino utilizando los errores cometidos por Abram para mostrar su misericordia hacia él, a quien había escogido para ser partícipe del plan de redención de la humanidad.

Amados hermanos y amigos podemos ver que en esta narración se hace vida lo que dice Romanos 8:28 «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados».

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios le bendiga,

Sandra Núñez