Encontramos en la historia del “Arca de Noé” el relato del “cuervo y la paloma” (Génesis 8:7-12), el cual tiene un ¡significado espiritual tremendo! Esas aves representan a los hombres, y como sabemos todo hombre tiene dos naturalezas, una es la “vieja naturaleza” (antes de conocer a Cristo) representada por el cuervo; y otra es la “nueva naturaleza” (cuando reconoce a Cristo como su Salvador personal), representada por la paloma. Existe una lucha constante entre ambas naturalezas, por eso los cristianos debemos siempre recordar que vivimos en este mundo, el cual un día será juzgado; que estamos en el mundo, pero no somos del mundo ya que nuestra ciudadanía es celestial. En Juan 3:6 dice «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es»; otro versículo que sustenta esa posición está en 2 Corintios 5:17 «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas».

Continuando con mis comentarios, la Biblia dice que luego de haber cesado la lluvia Noé espera cuarenta días por el deceso de las aguas y abriendo la ventana envió al cuervo para saber si había vegetación en la tierra, pero éste se mantuvo yendo y volviendo ya que aún había aguas sobre la tierra. Llegó el día en que no regresó más, por lo que podemos asumir que fue debido a que la tierra se secó y encontró muchos cuerpos en descomposición y esa putrefacción eran un manjar para el cuervo, pues esa ave se alimenta de carroña. Le pasa algo similar al hombre sin Cristo o al creyente que se aparta y ejercita “su vieja naturaleza”, es decir, que tiene un pie en la iglesia y otro en el “amor al mundo” o festejos de la “carne”, siendo un deleite hacer las actividades acostumbradas cuando vivía en sus delitos y pecados.

En fin, el cuervo representa al hombre con corazón carnal, quien al igual que él se arregla con el mundo y come de la carroña que encuentra ahí. El cuervo es figura de Satanás, de quien dice la Biblia «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10).

Aunque el cuervo no regreso más, Noé aún no estaba seguro de que la tierra estuviera seca, por lo que envía en esa ocasión a una paloma, la cual es figura del Espíritu Santo, «También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él» (Juan 1:32).

Noé envía a la paloma a inspeccionar la tierra, a ver si las aguas habían disminuido sobre la superficie de la tierra y eso me recuerda a Génesis 1:2 «Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas».

La paloma regresó ya que no encontró un lugar donde reposar, es decir no encontró paz en la tierra, por lo que regresa al arca, siendo ésta figura de Cristo, quien es el único que puede dar paz. Noé le extendió su mano y ésta se posó allí y él la entró en el arca. Así es como hace Cristo con nosotros cuando acudimos a Él en busca de reposo, Él nos recoge y nos ayuda. Sí, cuando vamos a Cristo con un corazón arrepentido y confiamos en Él, Su sangre nos limpia de todo pecado, pasamos a ser hijos de Dios y nos regala la salvación. El regreso de la paloma en sentido espiritual también nos dice que el Espíritu Santo no viene a los muertos, sino a los vivos, a los que han reconocido a Cristo como su Salvador.

Una semana más tarde Noé vuelve a enviar a la Paloma, y en esa segunda ocasión ésta regresa, trayendo consigo una hoja de olivo, la cual serviría como prueba de que el juicio ya había terminado, y esto en términos espirituales significa la proclamación de la victoria de Cristo, Su resurrección, pues era el reinicio de la tierra.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Núñez