(1 Co 10:11 NTV) “Esas cosas les sucedieron a ellos como ejemplo para nosotros. Se pusieron por escrito para que nos sirvieran de advertencia a los que vivimos en el fin de los tiempos”.

Proseguimos con nuestro breve estudio del Arca de Noé. Sabemos que Noé era un “predicador de justicia” sin embargo los hombres rechazaron la Palabra de Dios y continuaron siendo desobedientes y no creyeron, «si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, un predicador de justicia, con otros siete, cuando trajo el diluvio sobre el mundo de los impíos» (2 Pedro 2:5 LBLA),

Resulta sorprendente como una vez terminada el arca comenzaron a llegar la gran variedad de especies de animales a refugiarse en ella, no obstante el hombre no lo consideró necesario entrar en el arca y seguía viviendo en sus delitos y pecados, siendo esa la causa por la cual Dios envió el juicio del diluvio, «Y el SEÑOR vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal» (LBLA Génesis 6:5).

Hubo una excepción notable, un remanente fiel tal como expresa la Biblia en Génesis 6:9 «Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé»; esta es la razón por la cual Dios salvó a Noé y a su familia. Ciertamente Noé le creyó a Dios, creyó en su advertencia de que “vendría el diluvio, pero había un plan de salvación”, y Dios dijo en Génesis 6:3 «No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre ...», Él tenía un plan perfecto, el diluvio, y lo llevaría a cabo pronto; mientras tanto el hombre seguía envuelto en su maldad, rechazado a Dios y desviándose de su camino.

La predicación de justicia que hizo Noé culminaba con la invitación de entrar al arca, figura de Cristo, de protección. La gente no creyeron a las palabras de Noe, dada por Dios, y prefirieron continuar viviendo en su maldad.

Una vez comenzaron las lluvias, y con ella el diluvio, el juicio de Dios; se terminaba la oportunidad para que los incrédulos se arrepintieran, se les hizo demasiado tarde para que junto a Noé “el hombre justo” y su familia, pudieran disfrutar de la “salvación provista por Dios.

En los siguientes versículos podemos ver la magnitud del Diluvio «Y las aguas subieron mucho sobre la tierra, y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes. Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió. Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo, y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca» (Gn 7:19-23).

Hoy tenemos una situación similar como tuvieron los hombres en los tiempos de Noé. Todos estamos invitados a “reconocer a Cristo como nuestra Salvador personal, trayendo consigo apartarnos del pecado y vivir de acuerdo a los preceptos divinos”. Hoy Dios nos invita a recibir la salvación “por gracia”, para disfrutar de la vida eterna junto a Él y nuestro Señor Jesucristo (Jn 3:16; 10:27-29).

Al igual que Noé, los cristianos debemos ser “predicadores de justicia”, tal como el Señor Jesús nos encomendó (Mt 28:19; Ro 10:14) para que muchos puedan alcanzar “la salvación”, ese plan perfecto diseñado por Dios para redimir los pecados del hombre, y así tener el privilegio de estar juntamente con Él en la vida eterna, tal como dice Ro 6:23 «Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga

Sandra Nunez