Que hermosas las promesas contenidas en Éxodo 6:6-8, las cuales se cumplieron una vez el Señor escogio a Moises como el libertador del pueblo de Israel para sacarlo de Egipto. Jehová de los ejércitos, nuestro amado Dios, rompió las cadenas que condenaba a los hebreos a esclavitud, y por ende a la opresión, aflicción y desgaste físico y mental. El pueblo escogido por Dios ya estando en libertad, y le podría servir a Él como “su único y verdadero Dios”. Luego les guió por el camino que les llevaría a la tierra prometida, aquella de la cual fluía “leche y miel”.

En cuanto a las promesas de redención dadas al pueblo de Israel, podemos ver como se desarrollarían durante los capítulos del 5 al 18 de este libro de Éxodo. Cuantos maravillosos milagros encontramos en esos capítulos, los cuales hemos leído con tanto de gozo (si nos estas acompañando en nuestro estudio cronológico de la Biblia).

Mis amados hermanos y amigos, recordemos lo que dice 1 Corintios 10:11 «Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos». Es decir que éste relato es un prototipo de lo que un día nos sucedería a nosotros, nuestra “Redención”, la cual fue realizada con “El Plan de Salvación”; en ese momento en el cual fuimos “redimidos de la esclavitud del pecado” por nuestro amado Dios, a través del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, a quien aceptamos como nuestro Salvador, regalándonos una nueva vida en abundancia en esta tierra, y permaneciendo a la espera de que su pronta venida, para vivir con Él por la eternidad.

Todos necesitamos de la redención, este término se refiere a la liberación de personas y propiedades vendidas para cancelar deudas. Redención significa “liberar, vengar, asumir responsabilidad de pariente”. Recordemos que nuestra condición natural fue caracterizada por el pecado, «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23), sin embargo gracias a la redención de nuestro Señor Jesucristo a través de su preciosa sangre, por su muerte y resurrección, hemos sido justificados y liberados del pecado y de la culpa, tal como dice Su Palabra en Romanos 3:24: «Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús».

Como ya todos sabemos, fuimos diseñados para vivir en la eternidad con nuestro Padre Celestial, pero morimos como consecuencia del pecado cometido por nuestros padres terrenales Adán y Eva, quienes desobedecieron las leyes puestas por Dios en sus corazones, provocando esto la interrupción de la comunión con Él y la esclavitud de toda la humanidad al pecado y por ende la herencia de “muerte”. (Génesis 3:1-24)

Sin embargo hay una noticia esperanzadora, y ésta es “La salvación del hombre”. Ese plan perfecto diseñado por Dios para redimir los pecados del hombre, y así tener el privilegio de estar juntamente con Él en la vida eterna. En el plan de Salvación intervino El Padre –planeándolo-, El Hijo –Ejecutándolo- y el Espíritu Santo -revelándolo.

La salvación es un regalo inmerecido que Dios nos da para que vivamos eternamente con Él, (Romanos 6:23), la cual fue obtenida mediante el pago del rescate que hizo Jesucristo al morir y derramar Su sangre para remisión de nuestros pecados, tal como les comentara anteriormente. Por lo anterior podemos decir que Dios libra al hombre de un “Egipto espiritual” para llevarlo a la tierra prometida, a la “Canaán celestial”, bendito y amado sea nuestro Señor.

Quiero finalizar recordándoles, como les he dicho anteriormente, que con este estudio que realizo no pretendo dar una certificada y legítima interpretación de la Biblia, sino más bien expresar desde “mi perspectiva particular” en apego a los conocimientos propios obtenidos por el estudio personal de las Escrituras, la revelación del Espíritu Santo, así como por las enseñanzas compartidas por hombres eruditos de la Palabra de Dios. Espero que estos estudios les sirvan a ustedes para iniciar sus lecturas propias, las cuales sean transformadas en “escudriñar con gozo los tesoros que se encuentran en la Biblia”, de manera que también puedan identificar y ofrecer una aplicación especial y personal a sus vidas y así ser saciados del manjar que el Señor nos brinda en su santa y bendita Palabra.

Dios les bendiga,

Sandra Núñez